Wilson Morelo - Colón semifinalista de la Copa Sudamericana 2019.

CUATRO CAMBIOS EN UNO

Colón de Santa Fe jugará una semifinal internacional después de 22 años. El equipo santafesino derrotó 4-0 a Zulia, en un partido que mostró dos trámites muy distintos. En la primera mitad, los dirigidos por Pablo Lavallén estuvieron demasiado lejos de al menos, interpelar a su propio público con un avasallamiento al conjunto venezolano. El 4-1-3-2 Sabalero garantizó el control de la pelota pero no del partido. Álex Vigo y Marcelo Estigarribia, los laterales de turno, llevaron la pelota rápido hacia campo rival, casi sin oposición, pues Zulia no buscó en ningún momento entorpecer la salida, sino asegurarse un buen número de efectivos por detrás de la pelota. Y en espacios reducidos, a Colón le faltó casi todo.

En el primer tiempo, la estrecha defensa de Zulia no pasó sobresaltos. A Colón le sobró un volante, le faltó gente por fuera y no supo encontrar a la «Pulga» Rodríguez.

Apenas algunas intervenciones de Christian Bernardi y Luis Rodríguez, así como unas pocas proyecciones de Vigo, lograron transmitir la sensación de que se podía crear alguna ventaja. Por lo demás, Colón se restó espacios a sí mismo: el reparto de zonas de Bernardi, Fernando Zuqui y Rodrigo Aliendro, no dio demasiado lugar a que la «Pulga» pudiera encontrar una zona para retroceder, ponerse el arco de frente y atraer defensores de la última línea. Nicolás Leguizamón, el futbolista Sabalero más adelantado, fue un mero espectador del encuentro. Zulia no pasó sobresaltos y las tribunas del Brigadier López sufrían la incapacidad de su equipo para acercarse al gol que igualara la serie. Así las cosas, Lavallén debió de sentirse obligado a buscar un golpe de efecto inmediato. De cara al inicio del segundo tiempo, sorprendió con la salida de Vigo -una interesante vía de aceleración y desborde- para hacer lugar en ofensiva a Wilson Morelo. El cambio afectó a varias fichas más del tablero. Y dio resultado incluso antes de lo pensado.

El primero de una serie de movimientos fructíferos fue el retroceso de Zuqui a la línea de defensores, lo que permitió reacomodar el reparto de espacios para hallar más armonía. En segundo lugar, la «Pulga» Rodríguez pudo definitivamente partir desde una posición más retrasada, que le permitió mayores contactos con la pelota. Y eso, para este Colón, es como hallar agua en el desierto. El tercer desplazamiento fue el de Bernardi hacia la banda derecha, para en cierta forma compensar la salida de Vigo y enfocar su cuota de desequilibrio en una zona sin tantas piernas rivales. Y por último, el propio ingreso de Morelo le dio al Sabalero mayor vitalidad y peso en ataque. El colombiano mostró en la primera jugada su intención de salir del área y descargar, además de marcar el gol que calmó al Estadio y envalentonó al equipo. Además, Morelo cayó con frecuencia y naturalidad a banda izquierda, en un movimiento que permitió estirar y girar a una última línea venezolana que en la primera mitad, defendió cómoda siempre de frente. El fútbol es un estado de ánimo y Colón se encargó de demostrarlo en un complemento de alto vuelo que terminó por desatar la algarabía continental, pero también hay momentos que exigen una toma de decisiones, y Lavallén podrá sentirse feliz por el resultado que tuvo su cambio de piezas.

Con Bernardi en banda derecha y Rodríguez retrasado, Colón usó mejor el ancho del campo e hilvanó mejores jugadas.