UNA ZURDA AL SERVICIO DEL ATAQUE

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Como ya se ha dicho, el Independiente versión 2018/19 promete ser diferente. Entre otras cosas, porque cuenta con mediocampistas capaces de organizar mejor el juego desde la mitad de la cancha. En la obtención de la Suruga Bank ante Cerezo Osaka, Pablo Hernández dio muestras de aquello. El ex Argentinos Juniors y Celta de Vigo rozó la perfección en la distribución de la pelota; esto es un alivio para Maximiliano Meza, Martín Benítez y también para los laterales. Llevar las posesiones hasta 3/4 de cancha resulta más sencillo; recibir en tiempo, forma y espacio deja de ser un problema o una incógnita gracias a la zurda del nuevo refuerzo.

Para enfrentar al Cerezo Osaka, Holan ubicó a Hernández en el círculo central, con una leve inclinación hacia el sector izquierdo. En teoría, el esquema era un 4-2-3-1, pero el chileno Francisco Silva se incrustaba entre los centrales para que los laterales puedan escalar sin que una posible pérdida sea traumática. Este movimiento ya fue practicado por Independiente en varios pasajes del semestre anterior, pero Nicolás Domingo, aunque más tiempista, no posee la calidad en el pase del campeón de América con Chile. Por otro lado, esa serie de ajustes seguía en ataque, con movilidad en las piezas; Silvio Romero partía desde el extremo derecho, pero al sumarse Bustos en ese carril, el atacante se sumaba al área junto a Emmanuel Gigliotti.

Holan intuyó la estrategia del rival y quitó a Gaibor para poner a Gigliotti para tener más gente por delante de la pelota.

Independiente dominó la pelota con mucha comodidad en el primer tiempo. Hernández elegía hacia dónde orientar los ataques y también pisaba el área cuando Silva ejercía como pivote tradicional, ya que el cerrojo japonés obligaba a buscar de diferentes formas. Aunque no pudo lograr demasiada profundidad, el Rojo pudo mover aún más la pelota sin tanto apuro luego del gol convertido por Silvio Romero. Lo que no ayudó fue la postura del Cerezo, que prefirió no salirse de su libreto, continuar en bloque bajo e impedir que los de Holan atacaran con espacios a su merced.

La segunda mitad fue completamente distinta. El conjunto local salió de manera progresiva hacia adelante y aprovechó la merma física en cuadro de Avellaneda. La frescura a la hora de perfilarse, controlar y tomar decisiones no fue la misma en Independiente, que tuvo posesiones más cortas y por ende, más momentos obligado a ocupar espacios sin pelota. Los cambios japoneses renovaron mucho el ataque y Cerezo hasta pudo inquietar mediante pelota parada y mucha verticalidad. Hernández, que se mantuvo muy regular en su nivel, ya no tuvo por delante socios que aprovecharan su buena distribución del juego. Holan buscó renovar pero el trámite se hizo cada minuto más adverso para Independiente, que aún así, logró resistir y conquistar su 18° título internacional.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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