Carlos Carbonero

LA TRANSFORMACIÓN DE CARBONERO

No descubrimos nada al decir que el fútbol tiene un componente psicólogico que cada vez es más importante. Más aún en nuestro país, donde reina el nerviosismo, y los tiempos apuran a jugadores y cuerpos técnico. El bajo nivel toma como rehénes a aquellos equipos que intentan practicar un juego vistoso y pensado en el arco rival, siendo el resultado de esto partidos con pocos espacios, friccionados, en los que el tacticismo acaba lentamente con la fantasía individual. Es la parte anímica la que marca la diferencia ante tanta paridad, y el de Carlos Carbonero es un caso que muestra a la perfección esta teoría.

El colombiano arribó a Estudiantes en el año 2011, proveniente de Once Caldas. Rápido, vertical y con buena capacidad de desborde, Carbonero jugó como extremo, volante por derecha, y también siendo un segunda punta, sin embargo, nunca pudo afianzarse. Solo disputó 12 partidos y luego fue cedido a Arsenal de Sarandí. Su nivel mejoró muchísimo en la tranquilidad de El Viaducto. Obtuvo continuidad jugando como volante por derecho, y lentamente se transformó en una pieza clave del equipo que dirigía Gustavo Alfaro. Este sería el año previo a su despegue definitivo. 2012. Con un esquema sólido, equilibrado y con pocas fisuras, Arsenal obtuvo el título de campeón en el Clausura 2012, y Carbonero no pasó desapercibido. Fue la llave para abrir muchos partidos desde el sector derecho, ya sea desbordando, centrando o con remates desde afuera del área. Así, el colombiano cerró la temporada 2012/2013 con un total de 46 presencias y 7 goles. Por eso no extrañó que otros equipos se fijen en él. River Plate fue uno de ellos, y el club que acabó obteniendo el pase del prometedor volante vertiginoso.

El ambiente de Núñez tenía poco que ver al que se respiraba en Sarandí. La sola reputación del club millonario y la constante necesidad de ganar se presentaron como una prueba nunca antes vivida para el ex Arsenal, que para sorpresa de muchos, estaba lejos de demostrar su viejo nivel. Poco participativo, timorato, practicamente intrascendente. Carbonero no gravitaba en ataque; pocas veces conseguía desbordar, llegar al fondo, desbaratar su carril con sus viejas zancadas. Para peor, su faceta defensiva era casi nula. El colombiano rozaba el hartazgo del hincha de River con un tranco lento, centros nunca precisos y problemas a la hora de demostrar aptitudes con el balón en los pies. Sin duda alguna, debía hacer un click en su cabeza para volver a ser aquel extremo que se destacada en Sarandí. Y el click llegó en 2014…

De menor a mayor, inspirado, adquiriendo lentamente mayor protagonismo en el equipo y sobre todo, mejorando desde el aspecto táctico, Carbonero se transformó en una pieza más que útil en la pizarra de Ramón Díaz. Aplicado, con un mejor retroceso y la seguridad de saberse capaz, el colombiano comenzó a pagar con apariciones en la red, desbordes, asitencias, y sobre todo, mayor participación en el circuito creativo. Supo cuando adoptar una actitud de atacante y cuando cerrarse para dar una mano a Ledesma en la recuperación. Con Mercado, cancelaron por completo el sector derecho de la defensa millonaria. En la Octava fecha del certámen, River cayó en Floresta por 3-2, los dos goles fueron convertidos por Carbonero. Tres fechas más tarde, El Monumental vería quizás su mejor partido con la camiseta de «La Banda». El morocho abrió la cuenta para ganarle 1-0 a Newell’s, y fue la figura de la cancha en un encuentro en el que River cedió la pelota para achicar espacios. Siempre bien parado, recuperando balones y distribuyendo con una sorpresiva efectividad. Su mejor tarea llegó como interior, cerca de Ledesma, asociándose con Lanzini, y dejándole la banda libre para el retroceso de Villalva.

Rafaela, Olimpo y Racing serían las siguientes víctimas de la transformación de Carbonero, que pisaba el gol cada vez con mayor naturalidad y frecuencia. La historia cuenta que los equipos campeones deben poseer volantes que aporten goles en la campaña, y River tuvo al colombiano, que mandó el balón al fondo de la red en seis ocasiones. Por su rotundo cambio de actitud y su nivel de influencia en el juego del equipo, Carlos Carbonero fue el mejor jugador de River, y no solo eso, el más destacado y regular del Torneo Final 2014.