Brasil campeón Copa América 2019.

LA COPA SE QUEDÓ EN CASA

Algunas estadísticas están para romperse. Otras quedan amuradas a los anuales de la historia. Brasil, organizador de cinco Copa América (esta edición incluída), hizo valer la localía y se quedó con su noveno trofeo continental. El 3-1 definitivo ante Perú blindó un resultado que mayormente no corrió peligro a pesar de la expulsión de Gabriel Jesús, la gran figura del partido.

La incógnita pasaba por el elenco de Ricardo Gareca. La postura peruana en el partido iba a ser concluyente a lo que podíamos esperar del desarrollo del partido, y más aún con el fresco recuerdo de la aplastante derrota por 5-0 en fase de grupos. Gareca, perspicaz estratega, tomó el molde argentino en las semifinales y optó por plantar batalla en campo rival subiendo las líneas para buscar cortar y atacar rápido al espacio, una de las ventajas que da Brasil en su sólido esquema. Como un dejavu, la presión peruana no contó con una variante que maneja a la perfección el equipo de Tité: el juego directo. Con la presión encima, Dani Alves aprovechó un desmarque perfecto de Gabriel Jesús para generar un 1vs1 en banda y centrar para la definición de Everton, el otro extremo. Otra rápida apertura de marcador que le permitió al pentacampeón cerrar filas y atacar espacios.

Jugar sin pelota y buscar los espacios en los huecos peruanos fue la clave de un primer tiempo parejo en posesión y ocupación territorial, pero con Brasil aplicando el manual de Tité a la perfección. Sin demasiado tiempo para elaborar juego en desventaja, Perú entró en crisis. La intención desmedida por salir de abajo generó varias imprecisiones y Brasil pudo haber ampliado el marcador, pero Firmino no estuvo preciso. Dentro de la poca capacidad para asociarse, Edison Flores y Christian Cueva aprovecharon un descuido de Casemiro y a base de buenos toques, Thiago Silva cometió un penal alejado del contexto. Paolo Guerrero, con maestría, convirtió el 1-1 a cuando la primera etapa se iba. Pero los papeles se quemaron y un gran quite de Firmino ante Yoshimar Yotún encontró al fondo peruano abierto y Gabriel Jesus, a pase de Arthur Melo, estampó el 2-1.

Al inicio del segundo tiempo, Brasil salió decidido a liquidar el partido. Tuvo sus mejores 20 minutos, aprovechando el bajón anímico y físico del elenco incaico. Coutinho y Arthur movieron la pelota a lo largo y ancho del campo generando huecos en todos lados que no terminaron en gol. Everton, a la postre goleador del torneo, tuvo a maltraer a Luis Advíncula y en asociación con Coutinho llegaron varias veces a rematar ante cierres providenciales de Miguel Trauco. A Perú solo lo salvaba encomendarse a Paolo Guerrero, dominado por Marquinhos en la mayoría de las ocasiones, y solo tuvo un remate lejano de Flores que salió apenas afuera. 

La expulsión de Gabriel Jesús fue la vía de escape del cuadro de Gareca para poder atacar y llegar al empate. Sin embargo, Brasil sacó a relucir toda su jerarquía. En los 15 minutos restantes, el partido se quedó siempre en las inmediaciones de Gallese. El Scracht bajó el ritmo a un nivel sorprendente. El frenesí desapareció. Para cerrar la faena, Richarlyson desató la fiesta al convertir el tercero de penal. 

Brasil fue el mejor equipo de la Copa sin demasiados atenuantes futbolísticos. Dejando de lado el rato donde Argentina lo dominó, ningún equipo fue capaz de plantar real batalla y hacerlo pender de un hilo. Un justo campeón, con un proceso largo, coherente y liderado por un gran entrenador. Modelo a imitar.