TALENTO MATÓ TÁCTICA

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Tras un debut formidable frente a Alemania, Juan Carlos Osorio se erigió como uno de los estrategas más interesantes de Rusia 2018. No obstante, México tropezó en el cierre del grupo ante Suecia, y debió cruzarse ante Brasil en el famoso cuarto partido. El entrenador colombiano realizó ajustes para frenar al triángulo lleno de talento de la Canarinha: prescindió de Miguel Layún para incluir a Rafael Márquez como pivote, y que Héctor Herrera, su mejor futbolista, pudiera estar más cerca de realizar apoyos hacia ese costado. La medida funcionó en los primeros minutos de partido, ya que el mediocampo de Brasil estaba obstaculizado. Los de Tite se veían obligados a saltar líneas, y México hacía muy bien las cosas con pelota: unas veces, contraataques bien generados pero mal finalizados; otras, tenencia para bajar ritmo y frenar las embestidas brasileñas.

En el factor del contraataque radica una de las fortalezas mexicanas. Los de Osorio han sido uno de los mejores equipos en lo que respecta a transición defensa-ataque. En eso ha tenido mucho que ver la figura de Hirving Lozano, veloz extremo que convirtió el gol del triunfo ante Alemania, pero hay una premisa básica y colectiva que permitió aquella: no rifar la pelota, intentar hasta último momento darle un destino con sentido, buscar un compañero libre que haga progresar la jugada. Herrera y Andrés Guardado fueron fundamentales en aquello, y ante Brasil, con Márquez a sus espaldas, vieron potenciada esa oportunidad. Aunque por otro lado, los de Tite se muestran con mucha seguridad defensiva gracias a su dupla de centrales (Thiago Silva-Miranda) y a Casemiro.

Cuando promediaba el primer tiempo, Brasil comenzó a ganar buenas sensaciones. Filipe Luis, Coutinho y Neymar, otra vez cargaron con la responsabilidad de generar el desequilibrio, y aunque México les propuso batalla, si hay algo que les sobra a los brasileños es talento para volver a intentarlo una y otra vez. Así, mezclaban alturas, aparecían por dentro o por fuera con igual naturalidad, buscaban llegar a línea de fondo con desborde pero también perfilarse en pico del área hasta encontrar remate. Así, Guillermo Ochoa debió responder con frecuencia, y Brasil sintió que el gol estaba al caer.

Con el antecedente de un segundo tiempo ante Alemania de energías muy reducidas, Osorio buscó piernas frescas con el ingreso de Miguel Layún en el lateral derecho, para que Edson Álvarez tomara el puesto de Márquez como mediocentro. Pero Brasil salió a jugar con la certeza de que estaba y estaría cerca del gol. A lo hecho en el primer tiempo, se sumó otra carta de sobrado talento: Willian. El atacante del Chelsea comenzó a desobedecer su posición de extremo derecho. Conducciones interiores y exteriores, más gambetas y movimientos cerca de Neymar-Coutinho acabaron por sobrepasar la resistencia mexicana, que necesitaba con urgencia contraataques más frecuentes. Un arranque de Neymar encontró a Willian como el cambio de ritmo ideal en los metros finales. El gol llegó y México no tuvo suficientes variantes para inquietar a una defensa bien liderada por Thiago Silva y Casemiro. Los de Osorio volvieron a competir desde una pizarra coherente y bien aprovechada, pero al fin y al cabo, Cuando tanto talento encuentra lucidez y sensaciones, es muy difícil evitar que la diferencia de jerarquía no se refleje en el marcador.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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