MISMAS FALENCIAS, OTRO RIVAL

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Una vez más, Boca no estuvo a la altura de las circunstancias en un partido importante y cayó por 2-0 en Mendoza frente a River. El equipo de Guillermo Barros Schelotto tuvo las mismas falencias que en otros partidos de su ciclo, pero esta vez no fueron maquilladas por un débil adversario o alguna individualidad.

Guillermo dispuso del mismo equipo que venía actuando en la Superliga, con Pablo Pérez ya asentado como interior izquierdo y Carlos Tevez como centrodelantero. La diferencia fue el esquema:  no fue un 4-3-3 sino un 4-3-1-2, con Edwin Cardona jugando como enganche y no como extremo, y Cristian Pavón moviéndose por la izquierda y no por la derecha, lugar donde mejor lo hace.

Como suele pasar en los clásicos, sobre todo en los definitorios, la tensión y los miedos prevalecieron y no se vio un juego vistoso ni muchas chances de gol. Al principio no hubo un dominador claro, ya que ambos se prestaban la pelota, rechazaban ante la presión y no querían arriesgar. Boca era un poco más, con Pablo Pérez como el eje de las posesiones xeneizes, y buscaba con pases largos a Pavón, quien logró ganarle las espaldas a Gonzalo Montiel pero no así finalizar bien. Sin embargo, la superioridad era muy leve y esporádica. Cuando River avanzaba, además de complicar con Rodrigo Mora por la derecha, buscaba poner a Martínez en la zona de Wilmar Barrios para que este no pudiera salir a los costados, y juntarlo con Nacho Fernández. En una combinación entre estos dos, Cardona hizo un innecesario penal y el Millonario se adelantó en el marcador.

Luego del gol recibido, el equipo de Guillermo empezó a tener un poco más la pelota pero se mostró bastante impreciso y le costó mucho ante el gran trabajo del mediocampo de River -creció mucho luego de ponerse en ventaja-, y especialmente de Leonardo Ponzio. Cardona, con altibajos, empezó a agarrarla más y a conducir algunos ataques. Pero el equipo estaba largo, Barrios no podía ser salida al estar tapado por Martínez, y a Tevez nunca le llegó la pelota como nueve. Las pocas veces que retrocedió, tuvo que jugar de espaldas y ante muchas piernas contrarias. Así, no se aprovechó la tempranera amonestación de Ponzio. Paradójicamente, las pocas aproximaciones de Boca se daban cuando el equipo de Gallardo atacaba: ahí el Xeneize salía rápido con envíos largos de Pérez para Pavón o para Nahitán Nández, pero terminaban en nada porque no había gente en el área para empujar esos centros. En otros ataques, la impotencia hizo que se probara excesivamente desde lejos cuando había mejores opciones de pase, como le pasó a Pérez con Leonardo Jara en más de una ocasión. De esta forma, el equipo no tuvo chances claras en todo el primer tiempo, mientras que River era más práctico y desplegaba un juego directo, con Mora atacando a Frank Fabra o con Lucas Pratto saliendo del área para sacar a Paolo Goltz de su zona de confort, y los dos mencionados o Enzo Pérez generando faltas gracias a su desequilibrio o a la lentitud de los rivales.

En la segunda mitad, Boca salió con una actitud mucho mejor, y si bien seguía sin tener la claridad de sus mejores tiempos, al menos jugó en campo contrario e hizo trabajar a Franco Armani con centros y llegadas. River, esperando algún contraataque, ya estaba más replegado y lo hacía con mucha efectividad, con Mora retrocediendo por la derecha, Ponzio saliendo a cortar y Enzo Pérez sobre Nández, que otra vez demostró que no es un jugador cerebral ni de creación. Así, seguían pasando los ataques por Pablo Pérez, que limpió bien las jugadas en algunas ocasiones pero en otras se le notó la falta de ritmo, y por Cardona, que bajaba a recibir la pelota y fue el que más inquietó, con buenos pases en profundidad y combinaciones con Fabra, quien empezó a pesar mucho por la izquierda. Pavón, por su parte, tuvo otras chances para encarar a Montiel, pero jugando a perfil cambiado suele tardar un tiempo más para acomodarse, y perdió mucho más de lo que ganó. Aunque el equipo prácticamente monopolizaba la pelota, no tenía peso en el área y Guillermo tardó en modificar esto con la inclusión de Ramón Ábila.

Tras las modificaciones y el buen pasar Xeneize, River replegó aún más. Pero en la primera ocasión que tuvo para contragolpear, Scocco firmó el 2-0. Fue un golpe de nocaut que prácticamente sentenció la historia. El Millonario terminó el partido metido en su área y fue justo ganador ante un Boca que no supo qué hacer con la pelota. Gallardo le ganó el duelo táctico a Guillermo y Boca volvió a perder un partido decisivo, en lo que ya parece ser una constante de los últimos años. Lo grave es que los errores de este partido, como jugar prácticamente sin delanteros, utilizar jugadores en puestos en los que no están cómodos (Tevez y Pavón), la demora en los cambios, la falta de recursos para desnivelar si las individualidades no aparecen, el mal retroceso del mediocampo y la nula lectura de los partidos, no fueron nuevos, sino que ya se venían cometiendo hace tiempo. Se perdió una final que quedará en la historia y no se aprendió nada de la eliminación con Independiente del Valle por Copa Libertadores y las dos derrotas con Central por Copa Argentina. Para la Superliga seguirá alcanzando, pero si se quiere ser protagonista a nivel internacional, habrá que cambiar de verdad.

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