DERROTA, ELIMINACIÓN Y RETROCESO

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FOTO: La Nación

Boca cayó por 1-0 ante Central en Mendoza y quedó eliminado en octavos de final de la Copa Argentina. El equipo de Montero anuló muy bien al de Guillermo, que nunca pudo encontrarle la vuelta al partido.

En la previa, sorprendía mucho la formación que dispuso Paolo Montero. Federico Carrizo y Fernando Zampedri –muy cuestionados por su propio público en la derrota 0-4 ante Banfield- dejaron el equipo para darles lugar a Gustavo Colman y Germán Herrera. Así, el mediocampo tendría a cuatro jugadores posicionales y ninguno con desequilibrio individual. Por el lado de Boca, Guillermo Barros Schelotto utilizó el equipo de los últimos partidos pero con un cambio: Guillermo Sara por Agustín Rossi.

Central lo jugó como si fuera una final. Desde el inicio estuvo muy metido, ganó casi todas las divididas y no dejaba pensar a Boca. Dos jugadores como Santiago Romero y Leonardo Gil, con marca y acostumbrados a ser volantes centrales, esta vez jugaron por las bandas, lo que logró que el mediocampo Canalla sea muy combativo y por momentos ahogara al rival aislando a Fernando Gago de sus compañeros. Los de Montero fueron un equipo compacto: presionaron mucho pero cuando los pasaban, se replegaban rápido. Como en el primer tiempo ante Vélez y todo el partido contra Lanús, el Xeneize sufrió mucho la desconexión entre los volantes y los delanteros. Pablo Pérez tuvo más espacios que Gago pero decidió casi siempre mal y Edwin Cardona arrancó el partido muy participativo, retrasándose para generar juego y metiendo buenos cambios de frente. No obstante, el colombiano también se fue apagando y volvió a sus clásicas lagunas. Por su parte, Cristian Pavón y Darío Benedetto eran los que más peligro generaban, con algún remate de media distancia o combinaciones entre ellos. De todas maneras, el equipo estaba lento y con poca movilidad. La pelota fue de los centrales y Wilmar Barrios, pero sin opciones de pase. Como no había espacios, se buscaba ser más directos pero la imprecisión hizo que se chocara con la defensa rival.

En ataque, el Canalla manejó bien la pelota pero no pudo profundizar mucho, salvo cuando tuvo pelotas quietas. Leonardo Jara cedió un corner y un tiro libre: en el primero era penal de Pablo Pérez que Fernando Rapallini no advirtió y en la segunda fue gol de Mauricio Martínez, que entró solo por el segundo palo y puso el 1-0. Falló Gago en particular, la defensa en zona de Boca en general y también Sara, que tuvo una respuesta floja. En los últimos minutos del primer tiempo, Boca intentó reaccionar y tuvo algunas situaciones y buenas jugadas colectivas, siempre con Pavón como el más desequilibrante.

El segundo tiempo fue muy trabado y se jugó a lo que quiso Central. El equipo de Montero continuó presionando y no dejando pensar al de Guillermo, que no encontró espacios. Hubo muchísimas faltas, por lo que se jugaba poco tiempo neto mientras el reloj corría. Para colmo, Boca pareció no haber aprendido la lección del primer tiempo y siguió cometiendo infracciones cerca del área rival. Martínez otra vez apareció solo por el segundo palo y así, los rosarinos pudieron haber marcado el segundo.

Guillermo decidió el ingreso de Nahitán Nández por Pablo Pérez, algo lógico ya que el uruguayo le podía otorgar más dinámica al medio y el ex Newell’s no había tenido una buena noche. Sin embargo, sorprendieron los cambios posicionales luego de la modificación. Pavón, el mejor de Boca, pasó a jugar a la izquierda y no volvió a participar del partido. Nández, un volante central o interior, quedó como extremo derecho. Cardona empezó a pararse más por el centro y pudo influir más.

Cuánto más pasaba el tiempo, más atrás jugaba Central. Boca, que no tenía ideas y solo probaba con tiros desde afuera de Pavón o Gago, se dio cuenta de que se terminaba y se despertó en los últimos quince minutos. Con un Cardona mucho más activo que lanzaba pelotazos cruzados a Nández o Jara, el final fue el mejor momento del Xeneize en el partido. Pero no pudo aprovechar las chances y chocó con la defensa rival. El tardío ingreso de Agustín Bouzat por Jara (con Nández pasando a jugar de lateral derecho) no pudo torcer la historia. Walter Bou, que entró porque Benedetto tenía una molestia, controló mal un gran pase de Gago y el Ruso Rodríguez le tapó un buen tiro libre a Cardona. De contra pudo haberlo liquidado Zampedri pero la historia ya estaba sentenciada. Un muy ordenado Central pegó en el momento justo y anuló a Boca, que nunca estuvo cómodo, hizo todo forzado y careció de claridad.

No hay que dramatizar porque Boca viene de ser campeón, va puntero del torneo y no perdía desde mayo, pero sí se pueden marcar muchas cosas a tener en cuenta para el futuro. Primero, preocupa el que sin dudas es el mayor déficit de Guillermo como técnico desde que llegó al club: los partidos mano a mano. Perdió ante Independiente del Valle por Libertadores, ante Central por la Copa Argentina 2016 y contra el mismo rival por la 2017. Y en las tres derrotas tuvieron mucha influencia sus errores. Los cruces que ganó (sin tener en cuenta cuando enfrentó a equipos del ascenso) fueron por penales (Nacional por Copa Libertadores y Lanús por Copa Argentina) o sufriendo más de lo debido (Cerro Porteño por Copa Libertadores). Esto no define nada, pero es un dato importante de cara a la Copa Libertadores 2018.

Por otro lado, el rendimiento colectivo fue flojo, sobre todo teniendo en cuenta que Central venía jugando mal y todavía no ganó en el campeonato. Da la sensación de que los rivales ya se dieron cuenta de que si tapan a Gago (que más allá del planteo de Montero, estuvo impreciso y poco participativo) y a Pablo Pérez, el Xeneize no tiene circuito de juego. El equipo debe encontrar otras variantes para poder generar peligro y para tener buena circulación de pelota en esas situaciones ya que si no, corre el riesgo de depender en demasía de la jerarquía de sus atacantes. La marca en zona en las pelotas paradas es otro error que se repite. Sara demostró por qué es suplente de Rossi y Cardona sigue sin convencer. Es un hombre de mucha calidad pero no parece haber encontrado su lugar en el equipo. Ahora, Boca tiene tres meses en los que solo le queda el torneo local para trabajar y mejorar estos aspectos de cara a la Libertadores, donde seguramente habrá muchos partidos de estas características.

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