UN TIEMPO PARA CADA UNO

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En el primer tiempo, River fue mucho mejor que Boca y lo superó tácticamente, pero por la jerarquía de los atacantes rivales se fue al vestuario con el marcador abajo. En el segundo, cuando el Xeneize se acomodó mucho mejor en el partido y ya no sufría, el Millonario lo empató. Fue un tiempo para cada uno, aunque los resultados no se correspondieron con los rendimientos. De todas formas, el 2-2 en La Bombonera es justo y deja todo abierto de cara a la definición de la Copa Libertadores en El Monumental.

Mientras que por el lado de Boca se inició con la formación esperada, el 4-1-4-1 que venía dando réditos en Copa, Marcelo Gallardo sorprendió con una línea de cinco defensores que no había utilizado ni ensayado. Ingresó Lucas Martínez Quarta para ayudar a Jonathan Maidana y Javier Pinola, y el cambio fue muy efectivo. Los tres centrales, además de contener a Ramón Ábila, le daban más opciones en salida a River y le permitían soltar a los laterales. Así, el equipo manejó bien la pelota desde atrás. Exequiel Palacios y Gonzalo Martínez recibieron con comodidad, aprovechando el hueco que quedaba porque Pablo Pérez presionaba lejos. Rafael Santos Borré pivoteó muy bien y Lucas Pratto se paró encima de Leonardo Jara, y además de ganarle constantemente, permitió que Milton Casco atacara mucho por ese lado, con un Sebastián Villa que nunca alcanzaba a cubrirlo. El visitante fue muy directo, desbordó por ambos lados y así, al comienzo, le generó tres claras al local, que tenía problemas para seguir las marcas y se mostraba inseguro atrás: Agustín Rossi se hizo presente en dos muy buenas intervenciones ante Martínez y Borré, y Martínez Quarta desperdició un cabezazo que evidenció las fallas de la marca en zona en pelota parada del equipo de Guillermo Barros Schelotto. Por su parte, cuando tenía la pelota el Xeneize, cometía muchas imprecisiones en la generación. Pérez apareció poco, los laterales prácticamente no se adelantaron, Wanchope estuvo en desventaja numérica ante los centrales y Villa no aprovechó algunos desbordes.

A los 27 minutos, se dio un hecho que modificó todo el trámite del partido: Cristian Pavón salió lesionado y en vez de reemplazarlo con un extremo -no había ninguno clásico en el banco-, Guillermo cambió el esquema y puso a Darío Benedetto. Nahitán Nández pasó a la derecha y así se contuvo mejor a Casco, y además de sumar otro hombre de mucha calidad, River perdió esa superioridad numérica en la salida y en los envíos largos. El equipo siguió sin generar, pero el doble nueve daba más sensación de peligro. Y así ocurrió. Luego de la primera buena jugada colectiva en campo rival, Wanchope no perdonó a Franco Armani tras su rebote y puso el 1-0. No hubo tiempo para festejar: en un hecho insólito y más en un partido tan importante, el Millonario sacó y a los pocos segundos Pratto, tras ganarle a Carlos Izquierdoz, quedó mano a mano y puso el 1-1 con una gran definición. El local pareció sufrir el golpe anímico y se mostró muy nervioso, especialmente en defensa, y River se habría puesto en ventaja si no fuera por otras buenas atajadas de Rossi. Hasta que la jerarquía de Darío Benedetto -y la fragilidad del visitante en pelota parada- volvió a salvar al equipo en su peor momento, esta vez con un buen cabezazo. El 2-1 era demasiado premio, pero parecía un indicio positivo para Boca el hecho de que, al revés que en los últimos dos superclásicos, esta vez fue el equipo de Gallardo el que no fue efectivo, y el de Guillermo el que convirtió en las únicas chances que tuvo.

En el segundo tiempo, Boca aprovechó esas buenas sensaciones y arrancó mejor parado. Si bien seguía sin tener mucha creatividad, controlaba y jugaba lejos de su área. Con el cambio de esquema, tomó mejor las marcas. Y River, como en los últimos partidos por Libertadores, perdió mucha dinámica en el complemento. Solo inquietó con algunas transiciones rápidas, aprovechando el lento retroceso de su rival y el cansancio de Villa. Matías Biscay decidió arriesgar un poco más con la entrada de Ignacio Fernández por Martínez Quarta, y ahí el equipo se paró más adelante, pasando a un 4-3-1-2, pero igualmente siguió sin generar demasiado. Hasta que otra vez se produjo un gol que no tenía demasiada relación con lo que pasaba en el partido: Izquierdoz, en contra, puso el 2-2 tras un tiro libre largo. Boca debió ir a buscarlo de nuevo y había espacios, ya que el cambio de esquema hizo que el visitante defendiera mano a mano: Maidana, Pinola y Montiel estaban solos (Casco seguía adelantado y se ocupaba de Nández) ante Benedetto, Wanchope y Villa, el que más inquietaba a pesar del cansancio. Las pocas veces que pasaba la línea del mediocampo, el equipo podía jugar con comodidad. Pero no lo aprovechó, ya que careció de elaboración y de inteligencia para darse cuenta del defecto del rival. Pérez estuvo muy mal físicamente y en ningún momento metió los pases largos precisos que lo caracterizan. Salió Villa y como entró Carlos Tevez, no quedó nadie para desbordar por afuera y se les simplificaron las cosas a los defensores visitantes. Solo quedó tiempo para una gran jugada del ex Juventus, pero Benedetto definió mal y Armani apareció por primera vez en el partido para garantizar el 2-2.

El empate no parece positivo para Boca ya que de local tenía la responsabilidad de ganar y estuvo dos veces en ventaja, pero por cómo jugó, la terminó sacando barata. River sale fortalecido por definir de local y porque en el primer tiempo hizo muy bien las cosas, aunque se lamentará las situaciones que desperdició. Fue un partido de jerarquía y de detalles, aunque también influyeron mucho los errores, seguramente por la tensión propia de una final. Guillermo se lleva la certeza del doble nueve pero deberá volver a encontrar la solidez defensiva perdida y Gallardo la de ser superior tácticamente, aunque tendrá que definir si de local sale a buscar la victoria o prefiere arriesgar menos. La vuelta será otro partido aparte y ganará el que se equivoque menos.

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