UNA VENTAJA LLAMADA MARCONE

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Gustavo Alfaro continúa en búsqueda de un funcionamiento que le permita a Boca imponerse en la cancha a partir de la jerarquía de sus futbolistas. En el triunfo ante Lanús, no puede decirse que haya dado grandes pasos en aquella dirección, pero un triunfo siempre otorga, además de los tres puntos, una tranquilidad para trabajar en la semana y encarar el próximo partido con mayor confianza. Lo que sin dudas no querrá repetir el entrenador xeneize, es el trámite del primer tiempo. Boca y Lanús se dañaron muy poco a pesar de las grandes individualidades presentes en campo.

Alfaro planteó esta vez un 4-3-3, con Agustín Almendra como acompañante del tándem Jorman Campuzano – Iván Marcone. En ataque, Mauro Zárate contó con libertad para dejar el carril izquierdo y bajar unos metros a recibir. Por momentos, el ex Vélez buscó ocupar la posición de enganche. Por su parte, también Cristian Pavón tuvo una posición de partida muy central, algo que ya se ha visto en esta nueva etapa. La intención era tapar a los tres centrales y jugar a espaldas de Facundo Quignón, el volante central granate. Además, esa ubicación cerrada de los «extremos», tuvo como objetivo que Julio Buffarini y Emmanuel Más tengan espacio para atacar. No obstante, el reparto de espacios no fue cómodo para nadie y a Boca le costó muchísimo llegar hasta los metros finales. Campuzano y Almendra estuvieron faltos de dinámica para romper líneas. Zárate, si bien buscó tener muchos contactos con la pelota, no es un organizador. Y el fútbol de Pavón, más explosivo que racional, no destacó entre tantas piernas. Sólo Darío Benedetto pudo esclarecer los ataques de Boca con algunos apoyos de excelente calidad técnica.

Lanús, en cambio, se plantó en La Bombonera con el esquema que viene siendo habitual en Luis Zubeldía: un 5-3-2 al que fue difícil de alterar y empujar hacia el área propia. Cuando tuvo la pelota, el Granate buscó ser paciente y no perder la pelota mal parado. Para eso, cargó el juego hacia su sector izquierdo, donde se juntaban Nicolás Pasquini, Quignón y Marcelino Moreno. Este último pudo en ocasiones abrir caminos gracias a su velocidad con pelota dominada. No obstante, las cosas nunca se volvieron demasiado graves para Boca, porque tuvo en Iván Marcone a un futbolista de jerarquía comprobada, que no pierde la concentración en ningún momento y siempre intenta que las cosas no se salgan de control.

En la segunda mitad, gracias a un muy bien nivel de Marcone, Boca pudo tener posesiones más largas y jugar más tiempo en campo rival. Esto le permitió al equipo acercarse a sensaciones positivas, ver el arco desde más cerca; tomar confianza. En un abrir y cerrar de ojos, llegaron tres goles. Ninguno precisó demasiadas ocasiones para convertir. Más, Sand y Zárate tuvieron buena puntería. Con el 2-1, Alfaro buscó que el ritmo no se elevara y que el partido vuelva a jugarse lejos de los arcos. Marcone fue fundamental para eso. Siempre bien parado, con un gran abanico de recursos para no perder la pelota en salida y un 88% de eficacia en pases. El ex volante de Arsenal y Lanús fue una ventaja a la hora de afrontar la última media hora de partido. También sirvió el ingreso de Nahitan Nandez para agregar recuperación y despliegue. Emanuel Reynoso y Carlos Tévez no pudieron quitar aún más ritmo al Granate y llevar la pelota hasta la puerta del área, pero tampoco los de Zubeldía encontraron ideas para arrinconar a Boca, que descansó en un volante central capaz de transmitir seguridad y calma en cada acción. Con Marcone, las cosas no se salen de control.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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