ESPERÓ A LA JERARQUÍA

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Boca controlaba el partido sin sufrir defensivamente, pero sin encontrar los caminos para lastimar a Palmeiras. Sin embargo, no se desesperó y fue paciente, hasta que ingresó Darío Benedetto, quien con dos buenos goles dejó al Xeneize con un pie en la final de la Copa Libertadores. Otra vez la calidad individual resolvió un trámite que se presentaba complejo.

Guillermo Barros Schelotto introdujo una variante que hasta aquí no había utilizado: Mauro Zárate como extremo izquierdo. El esquema fue un 4-3-3, de modo que Nahitán Nández volvió a su posición de interior, donde puede ayudar a Wilmar Barrios y darle intensidad al mediocampo. El otro volante, Pablo Pérez, jugó más adelantado y fue el encargado de la distribución, tomando en general buenas decisiones. Con esa fórmula, los primeros veinte minutos de Boca fueron muy buenos: presionó bien arriba, recuperó rápido y jugó en campo rival. Ramón Ábila fue importante pivoteando y en ese tramo vinieron las pocas chances de gol que hubo en el partido. A Palmeiras le duraba poco la pelota y prácticamente no llegó, con los extremos Dudu y William recibiendo poco, y muchos envíos largos hacia el solitario Miguel Borja, devorado por Carlos Izquierdoz y Lisandro Magallán.

Pero pasado el temporal, el conjunto dirigido por Luiz Felipe Scolari se acomodó de la mano de un Felipe Melo que recuperó y ganó las divididas, logró pararse más adelante y bajarle el ritmo al partido. Aunque siguió produciendo poco en ofensiva -influyó el buen nivel de Barrios, secundado por Nández-, dejó de sufrir los ataques de Boca. El trámite se hizo muy disputado, con ambos equipos siendo imprecisos y debiendo jugar en largo. Al local se le complicó mucho generar juego, no solo por el buen posicionamiento defensivo de Palmeiras sino también por carencias propias. Hubo pocas posesiones de buena calidad y así, Cristian Pavón y Zárate pocas veces pudieron recibir bien posicionados. Intentaban cerrarse para generar superioridad numérica en el medio, pero nunca quedaron de frente al arco. Además, Pérez tuvo poca compañía para tocar y Wanchope empezó a perder mucho de arriba ante Luan y Gustavo Gómez. El final del primer tiempo dejó la sensación de que era un partido muy cerrado, en el que ambos se preocupaban en demasía por el rival, y que se definiría por detalles.

En el once inicial había sorprendido la ausencia de Sebastián Villa, uno de los mejores jugadores del equipo en los últimos partidos, y por eso fue el primero en entrar. Su ingreso coincidió con un buen comienzo del complemento de Boca, en el que recuperó la presión alta y volvió a asfixiar a Palmeiras. El colombiano entró muy participativo y encaró constantemente por derecha, ganando algunas veces y perdiendo otras, pero siempre dando sensación de peligro. Sin embargo, estuvo muy solo y el rival se hacía muy fuerte desde atrás, con un gran nivel de toda su línea defensiva. Al Xeneize le costó mucho entrar y sufrió el bajo nivel de Pavón. El visitante, por su parte, parecía conformarse con el 0-0, aunque las pocas veces que pasó mitad de cancha logró tocar en velocidad y llegar al área rival.

A pesar de la dificultad del encuentro, el local intentó no perder el control ni desesperarse ya que un gol de visitante era muy peligroso. Hasta que se dio el cambio que modificó todos los papeles: Benedetto reemplazó a Ábila y se despachó con un cabezazo tras un buen centro de Villa para poner el 1-0, y un derechazo de media distancia -luego de un control fabuloso- que recordó a sus mejores tiempos y selló el 2-0. Una vez más, la calidad individual del conjunto de Guillermo apareció cuando más se la necesitaba. El resultado fue muy holgado para lo parejo que fue el trámite, y teniendo en cuenta cómo se dio y los pocos espacios que hubo, la diferencia puede llegar a ser decisiva para la serie. Se hizo un partido muy serio desde lo defensivo y desde el planteo y la actitud -con un técnico que en esta ocasión, acertó-, aunque volvió a faltar esa cuota de creatividad y profundidad. De todos modos, se superó a un rival muy bueno y eso es una muestra del gran plantel que tiene Boca, que volvió a tener éxito apostando a su jerarquía.

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