DE ATRÁS PARA ADELANTE

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Boca hizo un muy buen partido y venció por 2-0 a Cruzeiro en La Bombonera, metiendo un pie en las semifinales de la Copa Libertadores. El equipo se hizo fuerte de atrás para adelante, con mucho quite en mitad de cancha: de la mano de un colosal Wilmar Barrios, anuló a su rival.

Aunque Cruzeiro tuvo su primera chance al minuto y salió a presionar, aprovechando algunas dudas de Boca en la salida -sobre todo de Pablo Pérez-, con el correr de los minutos el local se afirmó y empezó a tener un poco más la posesión. Esa era una buena noticia porque el dominio era suyo y se jugaba lejos del arco de Esteban Andrada, pero al mismo tiempo le costó mucho romper el orden defensivo del equipo brasileño, que esperó en la mitad de la cancha y puso mucha gente por detrás de la pelota. El 4-2-3-1 que eligió Guillermo Barros Schelotto funcionó muy bien a la hora de recuperar, pero por momentos no tuvo la creatividad necesaria para desequilibrar. Esto se debió a que Nahitán Nández no se sintió cómodo por la derecha y no aportó en ataque, Cristian Pavón estuvo bien marcado en la izquierda y Pérez arrancó el partido bastante impreciso, demostrando que no es especialista en el primer pase sino que rinde mejor cuando está más adelantado. El que más inquietó fue Mauro Zárate, que aunque alternó buenas con malas y tuvo varias pérdidas, se mostró más encarador que en sus anteriores presentaciones, e intentó combinar con Darío Benedetto, asediado por los zagueros visitantes. Además, cuando alguno de los atacantes se la jugaba en el uno contra uno, el marcador central Dedé parecía impasable.

El conjunto dirigido por Mano Menezes también pareció más diseñado para contener a su rival que para proponer. Al principio pudo recuperar y salir rápido de contraataque, pero eso duró muy poco y con el paso del tiempo le empezaron a costar mucho las transiciones, quedando muy encerrado atrás. Es probable que haya sufrido por demás la baja de Giorgian De Arrascaeta, figura del equipo y hombre clave en ese aspecto del juego. Así, Hernán Barcos quedó aislado ante Carlos Izquierdoz y Lisandro Magallán, que tuvieron un buen encuentro y le ganaron constantemente, logrando junto con Barrios -se quedó con todos los rebotes y fue el líder de la presión- que a Boca casi no le llegaran. Cuando el trámite se puso más parejo y los visitantes habían logrado bajar el ritmo al partido, el Xeneize encontró el 1-0 a través de Zárate y Pérez, dos de los futbolistas que más fallos acumulaban.

En el segundo tiempo, el visitante salió con una postura más ofensiva, a sabiendas de que si no lograba convertir, tendría la serie muy complicada. El equipo se paró más adelante y sorprendió al local mediante un juego directo. A los dos minutos Thiago Neves no llegó a conectar un cabezazo, y en la jugada siguiente se dio un hecho que pudo haber cambiado el partido: Barrios sacó en la línea lo que pudo ser el 1-1. Cruzeiro no pudo plasmar en el resultado su buen momento y se terminó frustrando. En ese momento, Boca pudo salir y generó peligro, con un remate de Zárate al palo y otras aproximaciones. Además, Guillermo percibió que Nández no influía tan atado a la banda: con el cambio de Sebastián Villa por Zárate y el paso a un 4-3-3, centralizó al uruguayo para darle más intensidad y recuperación al mediocampo, además de liberar un poco a Pablo Pérez para que llegara al área rival. El cambio resultó, ya que ambas cosas sucedieron, y además el colombiano inquietó por la derecha. Cruzeiro siguió con pocas ideas y Boca se mostró muy sólido. Para colmo, la exagerada expulsión de Dedé dejó al conjunto brasileño sin uno de sus mejores jugadores, obligó a Menezes a rearmar la defensa y esto agravó el poco peso ofensivo. El Xeneize logró recuperar el dominio y unos minutos después, le quedó un rebote a Pablo Pérez y este selló el 2-0 con una gran definición.

Boca fue efectivo y aprovechó a la perfección los distintos momentos del partido. El resultado es muy positivo no solo porque lo deja muy bien posicionado para la vuelta, sino porque meter dos goles fue demasiado para lo mucho que le costó al Xeneize entrarle a Cruzeiro. El sostén volvió a ser Wilmar Barrios. El colombiano juega cada vez mejor: hace los relevos, roba, presiona y mejoró en la toma de decisiones con la pelota. Protege muy bien a los centrales y libera al resto de los mediocampistas para que puedan pensar en el arco rival. Además, teniendo en cuenta que en ataque el equipo siempre genera por jerarquía y que en la Libertadores los partidos se suelen definir por poco, es muy importante haber logrado una cierta solidez defensiva. En eso fue clave Izquierdoz, que volvió a ser de los mejores. La única noticia negativa pasa por la lesión de Andrada, que mostraba cada vez más seguridad.

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