ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

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Boca y las finales. Boca y la épica. Boca es un torbellino de emociones que camina pisando baldosas flojas como en los días de lluvia. Pisa sin convicción, pero avanza. El triunfo 1-0 ante Argentinos fue otro partido clásico de este nuevo ciclo: a los tumbos, sin demasiadas ideas, pero con enjundia y tesón para llevarse el pase a una nueva final, la segunda con Alfaro como entrenador.

A esta altura, pasan factura los varios partidos en el lomo y la indisimulable baja de Emanuel Reynoso. El ex Talleres es el único jugador del plantel -rara al hablar de un club poderoso- capaz de juntar líneas y buscar asociaciones de tres cuartos en adelante. La acumulación de delanteros, algunos en posiciones casi irrisorias, solo contribuye a la confusión, la desorganización y el desequilibrio de un equipo que se sedimenta en la seguridad de Esteban Andrada, cada vez más afianzado en el arco de Boca.

Ante este contexto, Argentinos plantó batalla en La Bombonera. Con la sorpresiva inclusión de Damián Batallini, el Bicho llevó el partido a su terreno durante la totalidad del primer tiempo. Presionó la salida de Boca con el fin de obligarlo a salir en largo, situación favorable por la supremacía de Carlos Quintana en el juego aéreo sobre Darío Benedetto. Por su parte, Boca sobrecargó el juego en la derecha. Las diagonales de Cristian Pavón fueron una pesadilla para Elías Gómez -lateral de gran proyección pero con fallas en la marca- , aunque la falta de precisión en los metros finales del ‘7’ xeneize le impidió culminar de buena forma las situaciones. Así y todo, asistió en dos ocasiones a Carlos Tévez y a Benedetto, que no pudieron concretar.

El segundo tiempo, por cansancio acumulado y tensión lógica de una semifinal, fue más descontrolado tácticamente. La temprana expulsión de Matías Romero trastocó los planes de Diego Dabove, que ya no pudo presionar como en el primer tiempo ni contraatacar con mucha gente. La inclusión de Fausto Montero no devolvió al Bicho al trámite favorable de la primera etapa; a fuerza de juego directo y buena presión de Nahitan Nandez sobre Alexis Mac Allister, Boca pudo encontrar algunos espacios. Un centro excelente de Mauro Zárate a Lisandro López le dio a Boca el tan ansiado 1-0. El central rompió líneas con pelota dominada y se ubicó detrás de Gómez para sorprender a la defensa.

Aún con la ventaja, el partido continúo siendo un compendio de imprecisiones. Los errores en salida de Boca siguieron siendo una constante. Argentinos pasó mucho tiempo en campo rival pero no pudo concretar las situaciones de gol que tuvo. El bajo nivel de Iván Marcone, cuya presencia es intrascendente en el campo, culminó con su expulsión y el trámite se complicó aún más. Fue ahí donde la aparición de Carlos Tevez resultó clave para sacar a relucir la cuota necesaria de potrero e inteligencia, aguantar la pelota en campo rival, evitar los embates finales del conjunto visitante. Boca convive este semestre entre el cielo y el infierno. Los resultados, patrones de la realidad xeneize, muestran un equipo altamente efectivo que consiguió todos los objetivos trazados en la pretemporada, a la espera de cerrar de buena forma en la final de la Copa de la Superliga ante el sorprendente Tigre de Gorosito. Por otro lado, el juego del equipo decrece partido a partido. Entre bajas, suspensiones y un plantel desbalanceado, el conjunto de Alfaro llega a la final con el tanque de reserva. Y a la espera de barajar y dar de nuevo.

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