RESISTIR Y AVANZAR

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180 minutos de una carga emotiva difícil de sobrellevar. 180 minutos de tácticas y estrategias diversas, muchas inéditas por los momentos. Altos y bajos por doquier. Boca y Vélez jugaron un partido de alto vuelo en La Bombonera. Solo los penales, fieles amigos de Gustavo Alfaro, pudieron decretar un ganador.

La novedosa línea de 5 en el fondo que dispuso Alfaro desde el inicio para suplir la falta de un centrodelantero clásico, sorprendió a Vélez, que con sus tres delanteros tomados por los centrales y doblados por los laterales, abusó de los cambios de frente y comprometió su esencia. Sin abandonar el camino, el equipo de Gabriel Heinze, a pesar de la presión alta en bloque de Boca, persistió en la salida por bajo, situación que generó algunos desajustes defensivos por la buena presión Xeneize. Otro sorpresivo movimiento fue la posición de Sebastián Villa: el colombiano abandonó la banda y ocupó posiciones centrales junto a Carlos Tévez y Mauro Zárate. De esta manera, complicó demasiado a la defensa de Vélez por sus constantes diagonales, en una actuación casi perfecta.

Boca se asentó en el campo a mediados del primer tiempo y su bloque comenzó a funcionar perfecto. La foto de Lucas Hoyos buscando receptores sin éxito y obligado a jugar largo para Leandro Fernández -superado por Carlos Izquierdoz- le permitió al Xeneize jugar mucho tiempo en campo rival. Vélez quedó reducido a meros contragolpes por distracciones rivales, aunque con conducciones defectuosas de Agustín Bouzat y el nombrado Fernandez.

En el segundo tiempo, Lucas Robertone se ubicó detrás del eje Marcone-Nández y cambió el partido. Con los tres centrales tomando a los delanteros velezanos y el doble cinco ocupado en Robertone, la sociedad que conforman Gastón Giménez y Nicolás Domínguez tuvo más espacios para gestionar los primeros pases. Desde el costado izquierdo, Braian Cufré se sumó para doblegar por banda cuando hiciera falta. Vélez comenzó a jugar y lastimar. Con los defensores en línea y la marea velezana sobre el arco de Esteban Andrada, los duelos individuales comenzaron a ser un dolor de cabeza para Boca. Sobre todo cuando el físico ya no dio las mismas respuestas. El ex arquero de Lanús se lució en algunas atajadas, mientas el ingreso de un Darío Benedetto minado desde lo físico no sirvió de escapatoria al asedio.

El ingreso de Thiago Almada por Robertone profundizó la sensación de que el cero pendía de un hilo. El juvenil tiró todo su desparpajo y atrevimiento a lo largo y ancho de La Bombonera, siendo incontrolable para el fondo de Boca. Sólo la inmensidad de Andrada, gran figura de la serie, evitó que el joven de 18 años inclinara la balanza en favor de la visita. Por su parte, Boca cerró filas aún antes de la expulsión de Izquierdoz, y esperó los penales, no sin antes sufrir las aproximaciones del conjunto dirigido por Gabriel Heinze. Los remates desde los doce pasos fueron éxtasis y desazón. La locura se desató en La Bombonera para celebrar el desenlace de un partido explicado desde el factor Andrada y el cansancio que acumula un plantel corto como el de Boca. En el otro lado, sufrimiento por saber que la clasificación estuvo a la mano durante 180 minutos de desparpajo e inteligencia, en el punto más alto del gran ciclo de Gabriel Heinze como entrenador de Vélez.

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