PLANIFICACIÓN Y CONTUNDENCIA

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River le ganó el Superclásico por 2-0 a Boca en La Bombonera con goles de Gonzalo Martínez y de Ignacio Scocco. Las claves para su triunfo fueron dos: la planificación de Marcelo Gallardo, que le ganó el duelo táctico a Guillermo Barros Schelotto y supo explotar las falencias de su rival, y la contundencia para convertir sin haber llegado muchas veces. Por el lado del local, aunque mejoró en el segundo tiempo, otra vez quedó claro que no aprendió a jugar los partidos en los que lo presionan y no lo dejan desarrollar su fútbol.

Ya desde los primeros minutos se notaron las intenciones de River. Su 4-3-3, con Lucas Pratto por derecha -y con obligaciones de retroceder- y Pity Martínez por izquierda, buscó presionar a Boca y no dejarlo salir jugando por abajo, poblándole la mitad de la cancha. En salida, Wilmar Barrios siempre estaba tomado, a veces por Rafael Santos Borré y otras por Exequiel Palacios, mientras que Enzo Pérez contenía a Agustín Almendra y Leonardo Ponzio se quedaba con Carlos Tevez. El plan surtió efecto y el local tuvo muchos problemas en el manejo de la pelota. Almendra pocas veces retrocedió para pedirla y la posesión dependía de Barrios, quien estuvo bien marcado y muy impreciso. Además, al equipo le faltó intensidad en el medio, con Nahitán Nández otra vez jugando por la banda y lejos de las jugadas, por lo que el visitante podía llegar fácil cargando el juego por la derecha, donde Boca evidenció defectos defensivos. En una jugada que muestra cómo fue el partido, Cristian Pavón la perdió tras recibir de espaldas y muy rodeado, y luego de un despeje defectuoso de Emmanuel Mas, Martínez puso el 1-0 con un gran remate al ángulo.

River era superior. Todo lo que planificó ocurría a la perfección. Pity Martínez estuvo en una gran tarde, y cada vez que agarró la pelota, generó peligro, ganándole seguido a un flojo Leonardo Jara. Santos Borré fue importante para pivotear y Pratto, que hizo un desgaste importante, complicó por la derecha con desbordes. El gol apuró a Boca y desnudó más sus falencias. La presión rival y la ausencia de Almendra en la generación obligaron al equipo a saltear líneas, simplificando las tareas de Jonathan Maidana y de Javier Pinola. Además, se dependía en demasía de Pavón, ya que del otro lado estaba Nández, que no tiene características ofensivas. De todos modos, en los últimos minutos y en especial tras la lesión de Martínez -entró Juan Fernando Quintero, con menos intensidad y no tan apto para contraatacar-, se vio una leve mejoría en el Xeneize. Más por empuje que por buen juego, se adelantó un poco y Pavón logró desbordar algunas veces a Gonzalo Montiel, pero Darío Benedetto y Tevez no pudieron aprovecharlo. Igualmente, el ex Juventus fue uno de los más claros en el primer tiempo: tocó pocas pelotas pero eligió bien y por lo general, limpió el juego. Nández, Jara y Almendra también tuvieron sus chances, pero el equipo falló en la definición.

La lesión de Jara precipitó el ingreso de Edwin Cardona, pasando Nández a actuar como lateral. El equipo fue más ofensivo, pero la modificación tuvo la contracara de cambiar de banda a Pavón cuando más rendía. No obstante, Boca salió más agresivo al segundo tiempo y en los primeros 20 minutos fue decididamente superior. El equipo de Gallardo no pudo mantener la presión y se retrasó; el de Guillermo recuperó mucho más en la mitad de la cancha y asistió rápido a los extremos para evitar que su rival se acomodara. Almendra mejoró mucho, en un contexto más apto para que él se adelantara y creara juego, mientras que Pavón y Nández inquietaron por la derecha y Cardona hizo lo propio por la izquierda. Pero otra vez el equipo no plasmó en el marcador su buen momento y desperdició varias ocasiones, entre ellas una volea clara de Benedetto.

Gallardo advirtió la baja del rendimiento en su equipo e incluyó a Bruno Zuculini por Enzo Pérez para ganar marca en el medio, lo cual le salió bien, además de a Ignacio Scocco por Pratto. River le bajó el ritmo al partido, logró respirar y en una de las pocas veces que pasó tres cuartos de cancha, Quintero le filtró un pase a Borré y Scocco decretó el 2-0 con un derechazo inatajable para Agustín Rossi. El Millonario pegó en los momentos justos con una gran efectividad, y el golpe anímico fue durísimo para Boca, que no mantuvo lo que había hecho en los primeros minutos. El local se puso demasiado nervioso y el visitante logró agarrar más la pelota. Solo los ingresados Mauro Zárate y Sebastián Villa intentaron encarar, pero no lastimaron.

Una vez más, el técnico de River supo plantear un encuentro que expusiera los defectos importantes de Boca, llenándole la mitad de la cancha a un equipo que sufre cuando le tapan a los generadores, presionándolo ya que tiene problemas para salir jugando y saliendo rápido para aprovechar su mal retroceso. Pero esto no es casualidad: desde la ida de la Sudamericana 2014, primer superclásico de visitante que dirigió, siempre en La Bombonera planteó de esa forma los partidos y al Xeneize le costó mucho entrarle -hasta cuando le ganó 2-0 en 2015-. Lo de Guillermo es opuesto: le cuestan mucho los rivales de igual jerarquía que juegan a neutralizarlo. Perdió tres de los últimos cuatro cruces ante su eterno rival y además lleva cuatro derrotas y un empate en los últimos cinco choques ante equipos grandes. Además, la decisión de sacar de la mitad de la cancha a Nández, que ya había sufrido en ese puesto ante Cruzeiro, para priorizar como generador de juego a Almendra, juvenil y de otras características, fue bastante curiosa y no salió bien.

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