Boca volvió a ser un equipo frágil y cayó ante Palmeiras.

UN EQUIPO FRÁGIL

Boca cayó ante Palmeiras por 2-0 en La Bombonera y puso en riesgo su clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores. Una vez más, volvió a mostrarse como un equipo frágil en los compromisos importantes contra rivales de jerarquía, a diferencia de lo que ocurre en la Superliga ante adversarios menores. Las dudas empezaron en la defensa y desde allí se transmitieron al conjunto entero, que sufrió los errores individuales.

Luego de la buena actuación ante Newell’s, el desafío que tenía Guillermo Barros Schelotto era reorganizar el mediocampo si decidía que ingresara Pablo Pérez. El elegido para salir fue Emanuel Reynoso y el esquema fue un 4-3-1-2, con Sebastián Pérez de nuevo como volante central y Nahitán Nández a su derecha.

Salvo en los primeros cinco minutos, cuando Palmeiras presionó decididamente y provocó errores en la salida de Boca, el dominador del primer tiempo fue el conjunto local. En un partido parejo, logró afirmarse con el correr de los minutos para jugar más adelantado y manejar la pelota. El equipo era paciente y tocaba con éxito, pero fallaba casi siempre en el último pase ante el buen repliegue del visitante. Sebastián Pérez intentó ser salida y fue bastante claro, pero el mediocampo no tuvo un juego fluido ya que Pablo Pérez, quien intentó conducir y hacerse eje, estuvo muy impreciso y Nahitán Nández no aportó demasiado en ataque. Cristian Pavón, por su parte, tuvo a maltraer a Marcos Rocha cada vez que lo encaró por la izquierda, y fue el más peligroso. Carlos Tevez estuvo más participativo que ante Newell’s y logró recibir a espaldas de los volantes e incomodar a los defensores en un par de ocasiones, pero el equipo parecía algo estático y desequilibró poco. Los volantes y los laterales no se soltaron lo suficiente y el único que jugó sobre un costado era Pavón.

En ese tramo, Palmeiras jugó lejos de Agustín Rossi, con pocas intervenciones de Lucas Lima y de los extremos y con Miguel Borja aislado arriba. Pero cuando el equipo logró salir, volvió a dejar de manifiesto, al igual que en el tramo inicial, la endeblez defensiva del local. Bastaron otros cinco minutos de presión, buenos toques en ofensiva, remates desde lejos y ataques por la derecha para que llegara el gol, convertido por Keno tras una distracción de Leonardo Jara. Allí Boca buscó empatarlo rápidamente y estuvo muy cerca gracias al empuje de Tevez y de Pavón, pero Ramón Ábila marró una chance inmejorable. El final de la primera mitad dejó la sensación de que el Xeneize había dominado pero que había tenido poca creatividad y profundidad, por lo que Reynoso parecía el ideal para entrar en el entretiempo. El cambio no se produjo.

Al igual que en el primer tiempo, en el principio del segundo Palmeiras salió mejor parado que Boca. El local entró en una etapa de nerviosismo y por lo tanto de imprecisiones. El partido empezó a ser de ida y vuelta. El conjunto de Guillermo dejaba muchos espacios y por poco no recibió otro gol, pero al mismo tiempo fue a buscarlo con mucha más decisión y verticalidad, y sin tantos pases como antes. Pavón, figura del equipo otra vez, se hizo cargo de la mayoría de los ataques: algunas veces los terminó él y otras habilitó a Emmanuel Mas. Por esa banda vinieron los mejores ataques del equipo, pero no hubo efectividad y además el arquero Jailson tuvo una buena noche. Y cuando parecía que el empate llegaría en cualquier momento, Rossi tuvo un error pocas veces visto y luego de algunos rebotes, Lucas Lima definió por arriba y puso el 0-2.

La historia parecía terminada. Boca se vino abajo en lo anímico y el nerviosismo se acentuó, por lo que Palmeiras empezó a dominar la pelota en campo rival y por momentos hubo sensación de baile. Se produjo el ingreso tardío de Reynoso pero curiosamente el que salió fue Sebastián Pérez: el colombiano había jugado bien, a diferencia de Pablo Pérez, quien encima debió retrasarse y jugar en un puesto que no lo favorece. Todavía quedaba casi media hora, pero el equipo tuvo poca reacción y la victoria del equipo brasileño nunca corrió riesgo.

Boca volvió a fallar en los partidos en los que el hincha más desea que aparezca el equipo. Luego de perder cuatro puntos en Perú y en Brasil, debía ganar los tres partidos de local para asegurarse pasar de ronda. Ahora tendrá que traerse sí o sí una victoria de Barranquilla ante Junior, si quiere depender de sí mismo. Hubo errores individuales de Rossi, Jara y Wanchope que fueron determinantes, pero la sensación es que hay fallas más profundas y estructurales que hacen que al equipo siempre le cuesten este tipo de encuentros. Las individualidades alcanzan para superar a rivales menores, pero el mal funcionamiento queda expuesto contra rivales de peso. La inseguridad defensiva es moneda corriente, generada por los defensores y el arquero que eligió Guillermo al negarse a incorporar en esos puestos. Además, otra vez hubo falta de lectura para hacer los cambios antes de que sea tarde y también un exceso de dependencia en Pavón, que hizo un gran partido pero estuvo poco acompañado. La mayoría de los jugadores están bajos, empezando por el capitán Pablo Pérez y por Tevez -hizo un buen primer tiempo y luego se desinfló, pero de él se espera mucho más- y terminando en Rossi, quien tiene condiciones pero se ve perjudicado por el contexto y por su inexperiencia. La prioridad ahora es terminar de definir la Superliga y pasar de ronda en la Copa, pero el logro de esos objetivos no debe cegar ya que igualmente habrá muchas cosas para cambiar.