EL BANFIELD DE LOS PIBES

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Hernán Crespo cambió el sistema especialmente para enfrentar a River. Puso un equipo completamente con juveniles y jugó a base de dinamismo, verticalidad y muchísima presión individual. Los de Marcelo Gallardo, salvo en el final, no pudieron hacerse del control del juego.

Lo que primero se deduce en el sistema planteado por Crespo fue la intención de tener superioridad defensiva para poder contrarrestar los movimientos de los dos delanteros Millonarios. Es así como la última línea compuesta entre Rodriguez-Civelli-Bravo significó poder usar los dos stoppers para perseguir a Matias Suarez y Santos Borré, dejándolos sin márgenes para que puedan romper los bloques defensivos con libertad. Banfield eligió disponer la defensa de esa manera para sacrificar el juego en la mitad de cancha, es decir, no tuvo en los planes tener superioridad con un volante central de contención que le de tenencia y pausa en las transiciones ofensivas, ya que la indicación desde el banco de suplentes era el perseguir individualmente a los volantes de River. Esta marca personal tenía un objetivo muy claro: no dejarlos progresar, limitando la propia calidad individual en el equipo visitante. Es así como el paso del 3-3-3-1 al 5-4-1 se hizo con muchísima velocidad y verticalidad, prácticamente sin atacar en bloque.

La persecución individual en Banfield generaba zonas por detrás de cada uno de sus jugadores. Para evitar esto no sólo la presión fue muy física (cercana al jugador) sino que impulsaba constantemente el juego de transición ante un River que, vanamente, intentaba hacerse del control del juego en base a la posesión. Aunque la mejor carta la encontró cuando algún volante pudo quitarse de encima a su marcador, producto de una gambeta o de una pared circunstancial, este movimiento careció de una precisión y movilidad constante para encontrar dichos espacios. River se volvió previsible y, mayormente, eso fue producto de la presión agresiva del local.

Cuando los equipos suelen jugar de esta manera se cae en la rapidez mental de presuponer que “no van aguantar” o “se van a quedar sin piernas”, muchas veces dejando sin valor el trabajo propio del planteo y de la capacidad de los jugadores. Banfield no sólo “aguantó” durante largos tramos del segundo tiempo, sino que cuando River cambió la postura (siendo más transicional, dejándole el balón a Banfield) también pudo romper las líneas defensivas de River y disponerle otra manera de aislarlo: dejando a sus volantes creativos muy lejos de las zonas influyentes, tal como le sucedió a Juan Fernando Quintero durante 35 minutos de la segunda parte.

La imagen que dejó River al final fue muy positiva. Se lo vio agresivo yendo a buscar la victoria después del impulso de empatar el marcador. Sin embargo, también se observaron las carencias físicas y posicionales que implican cambiar más de la mitad del equipo titular producto de la acumulación de partidos.

Por: @SebaParnes

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