DEMASIADO PRONTO

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No tuvo nada de placentero el regreso de Newell’s a los certámenes internacionales. Atlético Paranaense lo goleó por 3-0 y la ventaja pudo ser aún mayor. Quedó claro que el conjunto rosarino, al que Omar De Felippe llegó hace apenas unas semanas, debe enfocarse en obtener un rendimiento estable que le permita evitar problemas con la tabla de promedios de la Superliga. En condiciones normales, el choque por Copa Sudamericana llegaba en un buen momento del semestre: ni al principio, cuando la pretemporada aún muestra sus secuelas, ni después de una gran seguidilla. Pero para Newell’s, la llegada de un nuevo entrenador significa intentar reacomodar el tablero, y el viaje a Brasil se entrometió en aquella misión. Aún es demasiado pronto para que la Lepra se plante en tierras extranjeras con una idea definida. Más aún si se tienen en cuenta las ausencias de dos jugadores con experiencia como Brian Sarmiento y Luis Leal. El primero, por características y personalidad, podía servir para ganar segundos con la pelota y salir del asedio; mismo aporte pero de distinta forma podía haber realizado el delantero portugués, mediante juego directo y forcejeo ante los centrales. Pero ninguno pudo estar presente y como si fuera poco, también demasiado pronto sufrió el primer mazazo de Atético Paranaense: una mala salida de Luciano Pocrnjic (regresaba a la titularidad tras lesión) le permitió al conjunto brasileño comenzar con el pie derecho y ganar confianza para llevar adelante su juego. Para Newell’s, todo lo contrario: a las dudas ya existentes, se le sumó un problema adicional.

El momento de la Lepra podría maquillarse ante un equipo sin tantas ideas para romper ante un cerrojo, pero Paranaense tuvo un gran debut y mostró un abanico de recursos por encima de la media del fútbol sudamericano. Desde la salida había concepto y recursos: centrales bien abiertos, casi pegados a la raya, lo que permitía que los laterales ganen metros desde el inicio y el espacio en zonas interiores sea muy grande. El mismo fue bien aprovechado con una movilidad constante. Las opciones de pase para el poseedor de la pelota siempre fueron más de una. Ante esto, Newell’s se mostró superado por completo. Intentó presionar, pero lo hizo siempre segundos tarde y sin éxito. Cuando la línea de volantes comandada por Juan Sills parecía acorralar al conjunto brasilero, un receptor ganaba a sus espaldas, era bien ubicado por sus compañeros y tenía espacio para recorrer. Además, la cantidad de gente con la que atacó Paranaense por momentos fue sorprendente; el lateral izquierdo Renán Lodi, de apenas 20 años, más que llegar desde atrás parecía estar siempre bien posicionado para atacar. La primera mitad fue un martirio para el equipo rosarino, que no pudo tener ni siquiera un mínimo pasaje de control.

El 3-0 con el que se fueron al descanso prometía ampliarse de mantenerse las diferencias entre uno y otro, pero Newell’s optó por tomar más recaudos: cansado de que le ganen la espalda, ya no fue a presionar arriba. Juntó las líneas más cerca de su área, quitándole ritmo a Paranaense, que ya de por sí había quitado el pie del acelerador. Aún así, graves errores coherentes de una moral por el suelo permitieron que los locales acumularan remates al arco, pero la eficacia disminuyó. Y además, si bien el planteo ayudó a que la diferencia no se amplíe, también alejó a Newell’s de la chance de convertir un gol de visitante que le agregue un condimento de emoción a la eliminatoria.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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