ANTES DE LA TORMENTA

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La Selección Argentina igualó como local 1-1 ante Venezuela y sigue sin poder afianzarse en puestos de clasificación al Mundial de Rusia 2018. Restan dos fechas y crecen los temores. Las opiniones, sensaciones y análisis tienden a radicalizarse. Lo aconsejable: parar la pelota.

Jorge Sampaoli eligió continuar con el esquema de 3-4-2-1 mostrado ante Uruguay. El resultado no distó mucho de lo visto en el Centenario de Montevideo: el rival optó por replegar líneas, defender en campo propio, achicar espacios. Los extremos una vez más quedaron mano a mano ante los laterales rivales, muy pocas veces en situaciones favorables. La posición de Paulo Dybala es al día de hoy una pregunta sin respuesta. El cordobés está acostumbrado a pisar zonas similares a las de Lionel Messi: ambos se retrasan para ganar panorama y socios.

El segundo tiempo fue una pesadilla para el conjunto argentino. Éver Banega, uno de los que ingresó en relación a los once en Uruguay, perdió precisión y dio lugar a muchos contraataques venezolanos que lastimaban a un equipo partid y mal parado. Javier Mascherano -otra de las novedades- continúa con el preocupante nivel que muestra en Barcelona a la hora de defender duelos individuales. Esto, sumado a que el ritmo del partido sobrepasó a Guido Pizarro en cierto momento, y a la ubicación de un libero sin velocidad para corregir errores como Federico Fazio, llevaron a que el partido se vuelva frenético. En una jugada rara, Sampaoli primero apostó por la inclusión de Darío Benedetto para acompañar a Mauro Icardi, pero luego quitó al ex Inter para volver a reforzar la zona de mediapuntas con un Javier Pastore de bajísimo nivel: el jugador del PSG tiene un excesivo contacto con la pelota, y no logra que sus intervenciones, pases, arranques, sean capaces de lastimar al rival. Cada pelota que toca Pastore es una pelota de la que Messi pudo haber sacado muchísimo más provecho.

Stoppers a la altura del volante central para anticipar, recuperar rápido y seguir atacando. Foto: @cruyffismototal

Pero hubo un antes de la tormenta. Argentina jugó los primeros 25 minutos del partido a un gran e interesante nivel. Con Mascherano como complemento de Pizarro en el primer pase; stoppers en campo rival para anticipar y alargar posesiones -¿por eso la decisión de Fazio líbero a pesar de no ser veloz?-; Icardi se mostró más peligroso con sus diagonales; Banega jugó ese lapso en gran nivel y desligó de responsabilidades de creación a Messi y Dybala, quienes en Uruguay retrocedían constantemente. Incluso, el cordobés dio un indicio de lo que puede aportar, cayendo a banda derecha para ayudar a Lautaro Acosta a generar el 2×1 al lateral. Por el otro costado, Ángel Di María esta vez sí se mostró acertado en cada aparición, y tras su salida por lesión, Marcos Acuña ingresó en su lugar con la misma tónica. De hecho, fue el ex Racing el jugador de más carácter y perseverancia. De una jugada suya llegó el 1-1, cuando las cosas más se complicaban, el Estadio era un hervidero y los jugadores se mostraban acelerados, fastidiosos, resignados después de estar en desventaja a pesar de haber generado muchas situaciones. La primera mitad tuvo el sello que Sampaoli pretende. Será trabajo para el entrenador lograr que el equipo olvide la presión de la tabla, o bien pueda pueda mantener la paciencia y la convicción a sabiendas de lo que está en juego en las últimas dos fechas.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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