ARGENTINA: ENTRE EL RECAMBIO Y LA OBLIGACIÓN

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Las tres finales perdidas desde 2014 hasta la fecha forman una mochila muy pesada para la Selección Argentina. A pesar del recambio generacional casi obligado tras el papel en Rusia, la presencia de Lionel Messi y la larga sequía de títulos hacen del título una necesidad imperiosa. No obstante, los tiempos lógicos de un proceso que, comandado por Lionel Scaloni, inició como temporal y resultó definitivo, reflejan una realidad difícil de asumir: lo normal sería que la Albiceleste no se consagre en Brasil. Porque llega con más interrogantes que certezas, y porque hay equipos mejor formados, con más rodaje y variantes más aceitadas.

A la vista está que la zona donde más fuerte se hizo sentir la renovación fue el mediocampo. En dicha línea, Argentina necesitaba nuevos perfiles que doten de mayor competitividad al equipo. Scaloni tuvo ideas, pero el tiempo y ciertos resultados no ayudaron a que se asienten. Si la intención inicial fue que Leandro Paredes ejerciera como mediocentro, el flojo nivel colectivo ante Venezuela y la dificultad para frenar contraataques, ayudaron a que el entrenador optara por buscar nuevos nombres como Guido Rodríguez y Guido Pizarro. El ex Boca y actual jugador del Paris Saint-Germain, seguramente mantenga un lugar entre los once, pero con mayor chances de actuar en uno de los interiores. Más precisamente, en el opuesto al que actuará Giovani Lo Celso, la carta que más ilusiona al público para hallar, de una vez por todas, al socio de Lionel Messi.

En ataque, el peso propio de jugadores con historia en la Selección terminó por volver a garantizarles un lugar. El propio Messi, sumado a Sergio Aguero y Ángel Di María, volverán a intentarlo en Brasil, pero con un grupo más renovado. Por detrás del Kun, aparece la más que interesante confirmación de Lautaro Martínez, un futbolista con gran juego de espaldas, muy profundo, ingenioso y potente en los últimos metros. Pero más allá del centrodelantero, Argentina necesitará como agua en el desierto que Messi por fin pueda ejercer la mayor parte del tiempo posible cerca del área rival. Si el capitán del Barcelona debe bajar a tomar contacto con la pelota en el círculo central, las cosas, otra vez, no estarán yendo bien. Por eso será clave el rol de Lo Celso como conector y distractor entre líneas. Y una vez logrado que Messi contacte en el último tercio, las opciones de pase por delante y a los costados resultarán de vital importancia.

Renzo Saravia, lateral muy vertical y con llegada hasta línea de fondo, será importante para compensar el movimiento de Messi hacia adentro. El rosarino ya no es un extremo derecho típico, sino que por características propias y necesidades colectivas, tiende a centralizarse para estar más cerca de todos sus compañeros. Seguramente se apropie de la mediapunta, y es allí donde, si no es un lateral como Saravia, Scaloni sabe que necesita mediocampistas capaces de actuar con naturalidad en banda, tanto para atacar como para defender. La posibilidad de un 4-4-2 para garantizar orden y cohesión estará latente a lo largo de toda la Copa. Allí, nombres como Roberto Pereyra y Rodrigo De Paul prometen cobrar importancia.

En la última línea, más allá de la aparición de Saravia -quien aún tiene mucho por mejorar en los duelos individuales defensivos-, Argentina cuenta con nombres que transmiten confianza y seguridad. Germán Pezzella, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico, son futbolistas que han cumplido casi cada vez que vistieron la camiseta Albiceleste. Inlcuso la titularidad de Franco Armani, guardián del arco, es una decisión a la que pocos pueden recriminar. Pero aún así, la clave no estará en las piezas por sí solas sino en el ensamblado. Si Argentina puede fortalecer su protagonismo a través de la pelota, la presión tras pérdida será posible. Y si el trámite invita a un repliegue, la solidaridad y el compromiso de cada sector será indispensable para evitar sobresaltos capaces de tumbar la mentalidad de un grupo que, aunque renovado y algo descomprimido, no estará ajeno a presiones ya comunes en la Selección Argentina.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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