LOS NUEVOS PIBES DE ORO

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Luego de un Mundial con sabor a poco, Fernando Batista encaró su próximo desafío: los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Sin la dimensión de un Mundial ni la obligación de ceder jugadores, comenzó el armado de un rompecabezas para armar un collage que termine siendo un equipo de fútbol aspirante al título. La medalla de oro obtenida da la pauta de que los juveniles argentinos están en buenas manos y solo necesitan tiempo para explotar.

A la base del pasado Mundial con Fausto Vera, Agustín Urzi y Adolfo Gaich, se sumaron piezas importantes en todas las líneas: Leonel Mosevich y Joaquin Novillo conformaron una férrea dupla central; Santiago Colombatto fue el complemento ideal de Vera, y la joya del ascenso, Carlos Valenzuela, fue la revelación del torneo a pura gambeta y fantasía. El equipo fue superior en cuatro de sus cinco partidos en el torneo y pudo sobreponerse a las bajas de algunos jugadores en la lista previa, que obligaron a Batista a utilizar el ingenio para poder armar un plantel reducido pero competitivo.

A pesar del poco tiempo de trabajo, Argentina fue un bloque sólido. Como todo equipo con mayoría de jugadores ofensivos, los desacoples defensivos fueron un temor latente, pero la gran actuación de Joaquin Novillo, defensor central de Belgrano de Córdoba, fue vital para poder marcar en ataque y sostener toda la desfachatez en ataque de los tres zurdos ofensivos: Valenzuela, Urzi y Nicolás González. Sin embargo, toda la construcción en el juego argentino se decanta tan solo en un nombre: Adolfo Gaich. El delantero de San Lorenzo tuvo un torneo excelente con seis goles en cinco partidos y una cantidad de recursos para moverse en el campo impropio de un jugador de tamaña contextura física. Aunque aún es pronto, por características y potencial, parece un nombre capaz de dotar de variantes a la Selección Mayor, que espera ansiosa a varios de estos buenos proyectos.

Cuatro victorias y un empate, incluidas goleadas a Uruguay en semis y Honduras en la final, sellaron una gran actuación y un título que otorga una certeza: hay material para seguir trabajando. «Vamos a armar una Selección con jugadores del Ascenso. Nunca se sabe donde hay un buen potencial», confirmó Fernando Batista con la medalla de oro en el pecho. La sensación reinante de que el camino por la idoneidad de quienes comandan los juveniles argentinos invita a la ilusión.

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