DESPUÉS DEL DESAHOGO

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El derechazo de Marcos Rojo significó un desahogo necesario como el agua para la Selección Argentina. La Albiceleste, pese a todo, logró el pase a los Octavos de Final del Mundial 2018. No obstante, ¿cuál es la situación futbolística? Hablamos quizás de una Selección muy diferente a las demás, debido a las tres finales perdidas de forma consecutiva y la obligación de ganar con la que se llegó a Rusia. Lo mental también hace al fútbol. Ahora los dos aspectos son interrogantes que se responderán el sábado ante Francia.

El problema casi histórico de la Selección Argentina ha sido como propiciarle a Lionel Messi un contexto apropiado para que demuestre sus características. En la Copa América Centenario de 2016, el equipo conducido por Gerardo Martino mostró un buen nivel, llegó cómodo a la final, pero volvió a caer por penales ante Chile, y con su astro desplomado tras fallar en la tanda de penales. Después de aquella final, Argentina no volvió a recuperar buenos momentos de fútbol en un partido oficial. El debut mundialista fue una continuación del problema que significa la falta de socios para Messi: el jugador de Barcelona agarró la pelota muy atrás, obligado a desparramar muchos rivales; destinado a organizar, avanzar, asistir y definir. Pero los problemas se acrecentaron ante Croacia, cuando tras el fallo de Wilfredo Caballero, tanto Messi como sus compañeros dejaron de competir, cayeron al piso con facilidad tras el primer golpe rival.

Ever Banega saltó a la cancha como titular ante Nigeria, y su primer tiempo rozó la perfección, sobre todo por el contexto en el que hizo lo que hizo. Presencia, destino seguro a la pelota, cambios de orientación, juego entre líneas y por supuesto, una asistencia al propio Messi, que por fin pudo pensar en la definición sin estar también encargado de la gestación. Pero tras el empate africano, Argentina volvió a caerse desde lo mental y el fútbol brilló por su ausencia. Prolongar ese dominio desde los pies de Banega será tarea para Jorge Sampaoli y puede ser la llave hacia una Selección más segura de sí misma, competitiva y alejada de posibles golpes que lo devuelvan a la lona.

Pero para poder ilusionarse con algo más que evitar la humillación de caer en primera ronda, Argentina necesitará más cosas. Seguridad de Franco Armani, fiabilidad en Nicolás Otamendi, que Marcos Rojo se mantenga cerca del gran partido que jugó ante Nigeria, más y mejores coberturas hacia la zonas cubiertas por Gabriel Mercado y Nicolás Tagliafico, así como también aumentar las participaciones ofensivas de estos últimos. Javier Mascherano, soldado de mil batallas, roza la épica por buenas acciones puntuales, pero cuando la pelota pasa mucho por sus pies la circulación es lenta, previsible, carente de sentido; además, el experimentado ya no está en condiciones de ser el sostén defensivo que fue hace cuatro años, por lo que Argentina deberá mejorar con pelota, es decir, estirar las posesiones y evitar pérdidas en zonas donde el contraataque es difícil de detener. De lo contrario, cubrir mejor los espacios, con concentración y sacrificio supremos. Pero sobre todo, el pase a Octavos deberá significar una pérdida de tensión y miedos a la hora de tener la pelota en los pies. El desparpajo de Cristian Pavón para ingresar y gambetear en una situación extrema es lo que deben imitar los demás posibles intérpretes de Messi. Para que en Rusia haya milagro albiceleste, todos deberán aumentar el nivel de sus prestaciones.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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