AHORA SÍ, ARGENTINA: EL QUÉ Y EL CÓMO

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La Selección Argentina tuvo por fin la gran actuación que se esperaba en este Sudamericano Sub-20. El buen nivel colectivo llegó, además, en un momento clave del hexagonal final, y ante una de las mejores selecciones en lo que va de certámen: Venezuela. Más allá de algunos triunfos obtenidos, la Albiceleste no había logrado protagonizar ni sentirse cómodo en los encuentros. Pero ante la Vinotinto sí que se cumplió con las expectativas. Argentina jugó por fin como un equipo con confianza, que se supo capaz de poner al rival en apuros mediante dominios prolongados. Fernando Batista volvió a optar por un 4-2-3-1, pero esta vez no estuvo Maximiliano Romero por detrás de Adolfo Gaich, sino que ingresó Gonzalo Maroni. El joven de Boca que juega cedido en Talleres es uno de los futbolistas más talentosos del plantel, y eso le dio otro techo asociativo al equipo. Si bien Maroni comenzó por derecha, rotó mucho con Julián Álvarez y Pedro De La Vega, para dosificar esfuerzos. Ese trío de mediapuntas se mostró muy activo, movedizo y con atrevimiento para mover al bloque venezolano.

Pero el principal acierto argentino estuvo en lo estratégico. Acostumbrada a replegar y apostar por excesivos envíos largos hacia Gaich, esta vez la Albiceleste mostró un claro interés por protagonizar y no dejar crecer a un equipo venezolano que demostró grandes credenciales técnicas en lo que va de Sudamericano. Por eso Argentina presionó en lugar de esperar en campo propio, y una vez recuperó la pelota, la cuidó; buscó juntar a sus futbolistas más creativos. Para eso fue determinante el crecimiento de Aníbal Moreno en la mitad de a cancha. El volante de Newell’s era uno de los rendimientos más cuestionados, principalmente por sus errores con pelota. En esta oportunidad, aportó criterio, salidas con conducciones o cambios de frente y muchisima intensidad para morder en campo rival. De esta manera, Santiago Sosa no cargó con toda la responsabilidad de relevar y recuperar, ni tampoco debió intervenir tanto en una faceta que aún no domina con soltura como lo es la distribución de la pelota.

Pero si desde lo estratégico Argentina se acercó a la propuesta de los primeros dos partidos, la diferencia radicó en las áreas y en el poder de intimidar. De La Vega fue un dolor de cabeza para la defensa rival en cada intervención. Maroni fue la pausa dentro de la velocidad que aportan el futbolista de Lanús y Julián Álvarez.  Los tres mostraron sacrificio en el retroceso y buen entendimiento con los laterales, Aaron Barquett y Francisco Ortega. Y como si fuera poco, Gaich, que esta vez no destacó tanto en las alturas -lo buscaron mucho menos- por fin pudo convertir y en tres ocasiones. Una eficacia en área rival que también se reflejó en área propia, con el capitán Nehuen Pérez y Facundo Medina imponiéndose en la mayoría de los duelos ante Jan Hurtado; también con Manuel Roffo dando seguridad en cada intervención. Ante Venezuela, la Albiceleste sí que compitió como quiso y no solamente como pudo.

Esta vez, Argentina contentó por el resultado y por la forma. Obtuvo tres puntos claves que lo sitúan en una posición cómoda de cara al sueño mundialista; lo hizo con una superioridad notoria. No dudó de su idea por no poder abrir el marcador temprano. Tampoco dio lugar a que Venezuela fuera quien marcara el ritmo del encuentro. Una demostración de que el material es bueno y necesita pulirse. De eso hay más chances si se confía en el nivel de los futbolistas más desequilibrantes y se busca un contexto apropiado para ellos. Ante Uruguay y Brasil, otros dos candidatos al cupo mundialista, habrá opciones para revalidar ese gran paso adelante.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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