Selección Argentina.

LA TARDE EN QUE LAS PIEZAS ENCAJARON

Y una tarde, después de tantas dudas y pruebas, Lionel Scaloni encontró el equipo. Las piezas encajaron y todo fluyó con algo más de naturalidad. Claro que esto no significa que todos los problemas de la Selección Argentina estén solucionados. Siguen existiendo defectos muy marcados, y la distancia con el nivel exhibido por equipos como Brasil o Uruguay en esta Copa América todavía es grande. Sin embargo, la victoria por 2-0 conseguida ante Qatar resulta un alivio para jugadores y cuerpo técnico, además de sentar las bases de la que seguramente será la estructura del conjunto nacional en lo que resta del certamen. El gol tempranero, consecuencia de un error del campeón asiático en la salida, resultó fundamental para que los futbolistas se desbloqueen mentalmente y afronten con menos tensión el resto del partido. Con el factor anímico de su lado hubo mayor libertad y una mejor versión de sí mismos.

Contrariamente a una de las frases hechas más repetidas en el mundo del fútbol, esta Argentina no se arma de atrás para adelante, sino de adelante para atrás. Porque la certeza más grande que tiene Scaloni a día de hoy está en la parte ofensiva, y es el tridente conformado por Lionel Messi, Sergio Agüero y Lautaro Martínez. No porque hayan mostrado una gran complementariedad entre sí, sino porque ante la falta de automatismos, el equipo transmitió mucho más peligro con tres hombres de ataque que con dos como ante Colombia o Paraguay. Para el juego de Messi resulta fundamental contar con al menos dos opciones de pase por delante de su posición al momento de recibir, ya sea para buscar habilitarlos o para utilizarlos como distracción en su propia gambeta. El punto negativo de la presencia de Martínez y Agüero, como había dicho el propio entrenador en conferencia de prensa, podría ser que el equipo se desequilibre defensivamente por tener un hombre menos en la mitad de la cancha. Sin embargo, esto ante Qatar se vio muy poco: los dos pasaron constantemente la línea de la pelota y se mostraron comprometidos a la hora de presionar, con Messi casi siempre descolgado evitando un mayor desgaste. También dejó sensaciones positivas el ingreso de Paulo Dybala, que se movió entre líneas con inteligencia y además inició la jugada del segundo gol.

El rombo en el mediocampo posibilitó la aparición de futbolistas a distintas alturas, otra carencia de los primeros dos partidos, con Leandro Paredes como el encargado de la distribución desde el vértice más retrasado y los interiores buscando desprenderse para ser partícipes activos de los ataques. Se vio una muy buena versión de Rodrigo De Paul, un jugador complementario que entendió a la perfección lo que el equipo necesitaba de él. Aportó mucho sacrificio en el retroceso y fue inteligente para compensar las clásicas diagonales de derecha a izquierda de Messi, partiendo cerrado pero cayendo a banda derecha con bastante frecuencia. Por la izquierda, Giovani Lo Celso no pudo lograr lo mismo, y de hecho, cuando en la segunda parte Marcos Acuña ingresó en su lugar, se vio lo mejor del equipo. El del Sporting Lisboa fue más profundo y se complementó mejor con Nicolás Tagliafico, por lo que no resultaría para nada sorpresivo verlo como titular en el encuentro ante Venezuela.

La última línea es quizás la que más dudas deja pensando en lo que viene: el lateral derecho y el compañero de Nicolás Otamendi en la zaga siguen sin definirse, ya que ninguno de los que ocuparon esos puestos ofreció un rendimiento como para quedarse en el once de forma definitiva. La falta de agresividad para buscar el robo fue un problema recurrente tanto en defensores como en mediocampistas, así como la casi nula participación en ataque de los laterales. Y son defectos que, ante rivales de mayor jerarquía, pueden costar caros.