TODO FORZADO

0

La Selección Argentina no pudo tener un debut mundialista que se aleje de sus propias dudas. Ante un rival molesto, que repliega con muchos hombres y propone un juego muy físico, los de Jorge Sampaoli no fueron más de lo que son: un equipo que en teoría sabe lo que busca pero aún no tiene nada claro el cómo conseguirlo. Tampoco la formación inicial ayudó a avanzar en aquella dirección ya que el planteo islandés era previsible y aún así la Albiceleste ubicó, por ejemplo, a Lucas Biglia en una función idéntica a la asumida por Javier Mascherano: presencia en la medular, pases horizontales y coberturas. Escalar en el campo se volvió tarea difícil sin una buena cantidad de opciones por delante de la pelota. Sólo cuando Lionel Messi se lo propuso las jugadas aceleraron, pero a falta de alguien capacitado para llevarle la pelota hasta arriba, el astro del Barcelona se retrasó demasiado en el campo, un problema que Argentina comete desde hace años, más allá de entrenadores y compañeros. Así las cosas, todo lo que realizó la Albiceleste fue forzado, sin fluidez, dinámica y convicción.

En los costados, Argentina no tuvo sociedades que se entendieran con claridad. Eduardo Salvio logró desbordar en algunas ocasiones, pero en gran parte del primer tiempo tuvo a Maximiliano Meza muy estacionado por delante. Cuando el jugador de Independiente recibía, las opciones de desdoble eran ínfimas y la jugada siempre volvía hacia adentro sin haber ganado profundidad. En el carril contrario, donde debía estar la zona de desborde, Ángel Di María se asoció muy poco con Nicolás Tagliafico, quien con criterio atacó por dentro en algunas oportunidades. La falta de un doble cinco capacitado para romper por dentro, invitó a Islandia a poner énfasis en el trabajo sobre Messi: marcas de cerca, muy pegajosas, fuertes y orientadas a que no pueda girar. Aún así, junto a Sergio Aguero, el capitán fue de lo mejor de Argentina en ataque. “Kun” marcó un golazo tras una alternativa que debió ser más utilizada: conducciones de los zagueros para atraer rivales o llegar hasta posición de remate. Pero además, el de Manchester City tuvo una formidable actuación fuera del área, con apoyos de calidad a pesar de la fortaleza física de la última línea. Con un movimiento y un toque de espaldas, Aguero ponía de frente al arco a sus compañeros.

Pero además de los problemas ofensivos, la Albiceleste no supo proteger su propio arco. Islandia, especialista en el juego directo, enviaba el balón largo y atacaba la segunda jugada con mucha gente e ímpetu. Aún con escasa elaboración, los Vikingos conseguían poner la pelota en un costado para enviar el centro. Así llegó el gol del empate, que cortó rápido la tranquilidad Argentina por abrir el marcador. Nicolás Otamendi se mostró firme en las alturas pero no así Marcos Rojo, y la cantidad de divididas ganada por Islandia tras los duelos aéreos fue respetable. El lado positivo de la defensa Argentina fue Javier Mascherano, quien con 34 años y muchas discusiones acerca de su figura, fue junto a Aguero el jugador de nivel más sostenido, y el responsable de muchas recuperaciones, sobre todo en campo propio tras la pérdida de posesión, en una muestra de ubicación y experiencia.

En el segundo tiempo, Argentina vio mejorar las prestaciones de Meza, quien procuró jugar más centrado –como lo hizo Manuel Lanzini en los amistosos- y en varias ocasiones recibió entre líneas listo para jugar con Messi, quitarle marcadores de encima y también invitar a la proyección de Salvio. Aún así, el paso de los minutos aumentó la tensión y también la concentración islandesa, que incluso dejó de buscar el arco de Wilfredo Caballero con tanta frecuencia. El nerviosismo no ayudó a ningún argentino, y se buscó encontrar los caminos por pura hombría. Ángel Di María, a pesar de mostrar claro el concepto del centro atrás, no decidió bien cuándo buscar línea de fondo y cuándo enviar el centro antes. Además, el ex Rosario Central quedó algo expuesto tras el buen ingreso de Cristian Pavón, quien a pierna cambiada era más impredecible. El otro ingresado, Éver Banega, intentó asumir funciones de organización y pases en verticalidad, pero no contó ni con la frecuencia y el ritmo necesario, además de verse perjudicado por el bajón anímico de Messi tras el penal fallado. El crack del Barcelona no dejó de pedir la pelota, intentarlo e incluso de generar peligro, pero su toma de decisiones se vio afectada tras aquel momento que pudo cambiar el curso del trámite. No obstante, en cualquiera de los casos, Argentina nunca pudo lograr lo que necesitaba con fluidez. Todo fue forzado, de principio a fin, y en realidad tampoco aquello es algo que sorprenda demasiado visto el camino hasta Rusia.

Share.

About Author

1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

Leave A Reply