CÓMO ACERCARSE AL DETALLE

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Fernando Batista optó por un 4-4-2 para enfrentar a Colombia. El mediocampo tuvo en los costados a dos futbolistas que tienen tendencía a pisar carril, como Julián Álvarez y Gonzalo Maroni. En el doble cinco, Aníbal Moreno acompañó a Santiago Sosa, mientras que Maximiliano Romero tuvo una función atípica: jugar por detrás de Adolfo Gaich, el delantero más adelantado. Esta decisión acabaría siendo fundamental para el curso del partido. Argentina, como ante Uruguay, no mostró interés en cuidar la pelota y progresar compacto a través del pase, sino que se repitió en envíos largos hacia sus delanteros. Un plan de mínimos, en el que se buscó hacer las cosas con practicidad y pocos riesgos. Como el conjunto colombiano tampoco mostró demasiados recursos, el juego se volvió chato, cortado, y los arcos pasaron desapercibidos. Al igual que en aquel partido ante los charrúas, un detalle fue el que cambió el partido: aquella vez fue Maroni; en esta ocasión, Julián Álvarez, con un tiro libre que incluyó engaño previo, adelantó a la Albiceleste.

La ventaja de Argentina, mínima y casi inexistente de no mediar un acierto tan notable como la pegada de Álvarez, radicó en saber acercarse al detalle. Es decir, en un contexto opaco, todo indicaba que si se abría el marcador sería por un error defensivo o una individualidad. Y Batista -que parece haberse resignado a la idea inicial que incluía ataque posicional y buen pie- logró generarle dolores de cabeza a la defensa colombiana con el juego directo hacia Gaich. El delantero de San Lorenzo, además de generar la falta que derivó en el gol, se impuso en casi todos los duelos aéreos, y también inquietó mediante carreras o gestos técnicos que sorprenden por su contextura física. Al jugar detrás suyo otro atacante muy físico como Romero, Argentina también se acercó al dominio de la segunda jugada. Aunque la claridad y las sociedades volvieron a brillar por su ausencia, al menos la Albiceleste tuvo claro cómo quería acercarse y asentarse en campo rival.

En el arranque del complemento, los de Batista sí que jugaron unos minutos de buen nivel. Con varias ocasiones generadas a través de la presión alta, y la decisión conjunta de jugar aquel lapso en campo rival. Colombia se mostró partida tácticamente, y confundida, mientras que Argentina le tomó el pulso al encuentro y supo leer esa incomodidad. No obstante, se fallaron situaciones muy claras de gol y el trámite terminó pareciéndose al de cada partido albiceleste en este Sudamericano: con dudas, temores y mucho sufrimiento. Colombia se avalanzó. Argentina sintió el cansancio. Aguantó con sacrificio y el siempre dispuesto Gaich, que  repleto de confianza, continuó permitiéndole a sus compañeros ser opción de salida. Demasiado para una Selección que a esta altura, compite como puede y no como quiere.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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