LA PEGADA DE FERREIRA, AL RESCATE

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Pese a que se especuló bastante con la posibilidad de que jugase con la línea de tres defensores que tan buenos resultados le dio últimamente, finalmente Marcelo Gallardo se decidió por el 4-3-1-2 habitual para enfrentar a Alianza Lima en el debut de River en la Copa Libertadores. Ignacio Fernández, que volvía de una lesión, acompañó a Enzo Pérez y Leonardo Ponzio en la mitad de la cancha, mientras que Fabrizio Angileri hizo su debut en el lateral izquierdo. El ex Godoy Cruz fue el encargado de brindar amplitud por su sector, a diferencia de un Milton Casco que como lateral suele ocupar carriles centrales y dejar la banda libre para volantes o delanteros.

El primer tiempo mostró al Millonario manejando la pelota y generando las chances más claras. Fue muy buena la tarea de los dos mediocampistas interiores, que se complementaron de gran manera: mientras que Pérez se acercaba más a la base de la jugada y aportaba claridad para romper líneas desde el pase, Fernández se soltaba más y llegaba vacío al área para finalizar. También fue positiva la tarea de Lucas Pratto, jugando de espaldas y dejando de cara a sus compañeros en varias oportunidades. Por su parte, los dirigidos por Miguel Ángel Russo eligieron replegarse y apostar por la velocidad de los extremos Kevin Quevedo y José Manzaneda, lanzados de contra buscando explotar las espaldas de los siempre adelantados laterales visitantes. Si bien el gol que abrió el encuentro terminó llegando a través de una jugada aislada y por un claro error conceptual de Lucas Martínez Quarta, lo cierto es que el plan del equipo peruano le generó bastantes problemas defensivos a River. Claro que en este aspecto tuvo bastante que ver la floja tarea de Leonardo Ponzio, que lució falto de velocidad y de ubicación a la hora de cubrir espacios y hacer relevos.

En la segunda etapa, el dominio del último campeón de América fue perdiendo claridad. Pese a seguir monopolizando la posesión, los avances se volvieron más forzados y menos claros. A su vez Alianza Lima se replegó aún más y sus ataques fueron esporádicos. Para colmo, los cambios ideados por Matías Biscay fueron cuanto menos llamativos. No tanto por quiénes ingresaron, ya que tanto Matías Suárez como Cristian Ferreira venían de tener buenas actuaciones y de marcar un gol cada uno el último fin de semana, sino por quiénes salieron: Pratto, que era el jugador más claro de River en ataque, y Juan Fernando Quintero, que si bien parecía no tener su mejor noche, siempre puede definir el resultado en un rapto de inspiración. Para colmo, el penal que posteriormente Pedro Gallese le atajaría a Rafael Santos Borré dejaría aún más expuesta le elección del ayudante del Muñeco, que quizás pueda ser explicada pensando en el partido importante que tendrá lugar el próximo domingo en Tucumán.

Finalmente, y cuando parecía que no había más tiempo, River terminó solucionando con un destello individual lo que no podía encontrar desde el juego colectivo. El pibe Cristian Ferreira hizo gala nuevamente de su excelsa pegada, y marcó el 1-1 final con un tiro libre lleno de rosca que entró por el primer palo de un Gallese que parecía invencible. De esta manera, el resultado se ajustó un poco más a la cantidad de chances creadas por uno y otro equipo.

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