EL MEDIOCAMPO DE FRANCIA SIN RABIOT

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A pesar de que a lo largo de su carrera guardó las espaldas de cerebros de corte creativo de la talla de Vladimir Jugović o Youri Djorkaeff, parece que a Didier Deschamps le cuesta hacer hueco en su selección francesa a un perfil como aquél. Un interior técnico, capaz de armar con paciencia el ataque sacando el balón jugado desde su propio campo, inteligente a la hora de tomar decisiones y que pueda complementar a dos jugadores como N’Golo Kanté y Paul Pogba, quienes, si bien exhiben notables porcentajes de precisión en los pases cortos, quizá su principal componente diferencial sea el físico –el primero para morder, el segundo para golpear–. Por eso llama tanto la atención la ausencia de Adrien Rabiot de la lista gala para la cita mundialista de Rusia.

«Si he decidido retirarme de la lista de suplentes es porque considero que la elección del seleccionador, en mi opinión, no responde a ninguna lógica deportiva. Desde hace muchos años el mensaje era claro: es el rendimiento el que abre las puertas de la selección». Cuando Adrien Rabiot (Saint-Maurice, 1995) decidió no acudir a la llamada del equipe de France asumía que, mientras Deschamps siga al frente del combinado, difícilmente volverá a escuchar los acordes de La Marsellesa sobre el césped. Una situación incomprensible teniendo en cuenta que hablar de Rabiot es hacerlo del centrocampista con más proyección de Francia, un fino estilista que con sólo 23 años lleva tiempo siendo el punto de apoyo de la medular de todo un Paris Saint-Germain. Especialmente interesante ha sido su último curso, en el que ha disputado más de 40 partidos, y en el que el declive de Thiago Motta le ha obligado a añadir nuevos trucos a su repertorio, como el sentido táctico. Cada movimiento que este espigado zurdo realiza sobre el campo desprende una elegancia no impostada, sino útil. Para muestra, el partido que Rabiot juega en el Parc des Princes el día del 4-0 al Barcelona de Luis Enrique en los octavos de final de la pasada Champions League. Aquella noche, Rabiot demostró que el equipo que ha sido el paradigma de los centrocampistas podía enredarse en el laberinto de sus apoyos al primer toque, sus giros de croupier y sus balones a la espalda de los defensas, un regalo para dos pistones como Ángel Di María y Julian Draxler.

A cambio, Deschamps ha preferido jugar las cartas de Corentin Tolisso, Blaise Matuidi, Steven N’Zonzi y Thomas Lemar, que se unen a los antes mencionados Kanté y Pogba. Un centro del campo propio de la élite, sin lugar a dudas, pero que, con la excepción de Lemar, comparte un patrón un tanto similar. Los más beneficiados de la clarividencia de Rabiot para buscar unos espacios que se antojan vitales ante equipos tan incómodos como Perú habrían sido Ousmane Dembélé, Antoine Griezmann y, sobre todo, Kylian Mbappé. Claro que, con permiso de la dupla Gerard Piqué – Sergio Ramos, puede que Deschamps cuente con la pareja de centrales que mejor traza las diagonales y los desplazamientos en largo: Raphael Varane y Samuel Umtiti. Y ese recurso, bien ejecutado, puede llegar a ser tan útil como una navaja suiza.

Si los tres últimos campeones del mundo –escuadras con ideas de juego tan alejadas como la Italia de 2006 y la Alemania de Löw– han tenido un punto en común ese ha sido la incidencia de un director de orquesta prácticamente omnipotente. Italia se entregó a Andrea Pirlo, España a Xavi Hernández y Alemania a Toni Kroos, tres mediocentros que, con sus diferencias y sus particularidades, marcaron el tempo de sus selecciones y las condujeron a tocar la gloria. Por decisión propia («Sólo tiene que mirar los tres partidos que hizo con Francia»), Deschamps ha decidido prescindir de un decepcionado Rabiot que ya se sentía preparado para mover la batuta.

FOTO: Líbero.pe
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Periodista amante del fútbol vintage y devoto del único emperador romano: Totti. 'Yo creía en Dios porque pensaba que Dios era del Madrid'.

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