ADEMÁS DE TU SONRISA, ADEMÁS DE TUS DOLORES

1

En un partido para el infarto, Independiente consiguió el pasaje a los cuartos de final de la Copa Sudamericana tras vencer por 2-0 a Atlético de Tucumán. El Libertadores de América volvió a ser testigo de una jornada inolvidable por los vaivenes y el compromiso demostrado por los jugadores a lo largo de todo el encuentro.

Los hinchas de Independiente amanecerán con una sonrisa de oreja a oreja al recordar lo vivido en la noche de Copa Sudamericana. Y es que más allá de los análisis futbolísticos que se pueden hacer -y que siempre son bienvenidos- en Avellaneda flota la sensación de que se está por el camino correcto. El equipo juega con una intensidad que hacía tiempo no se veía, y logra interpelar al público. Fue esa pasión de los jugadores la clave para lograr la clasificación en una serie por demás emotiva y cargada de señales que parecían volver a jugarle una mala pasada a las intenciones del Rojo de acomodarse en los primeros planos.

Pero yendo al análisis netamente futbolístico, hay que decir que Independiente aún tiene cosas por mejorar. Ante Atlético salió con una especie de 4-2-3-1 que tuvo a Walter Erviti cerca de Nicolás Domingo, Martín Benítez y Ezequiel Barco como extremos y Leandro Fernández por detrás de Emanuel Gigliotti, quien reaparecía tras meses de inactividad. Así las cosas, el Rojo salió a jugar el partido con un ritmo muy alto y mucha verticalidad. Los atacantes hacían gala de su velocidad para llevar la pelota arriba lo más rápido posible, lo que por momentos generaba desequilibrio defensivo. Fue una vez más Fabricio Bustos quien marcó el camino por el carril derecho -en izquierda, Barco volvió a mostrarse errático- y obligó a ajustes por parte de Ricardo Zielinsky para contrarrestar sus avances. Por ese sector llegó el golazo de Leandro Fernández, quien desde afuera del área y sin pararla, colgó del ángulo un pase hacia atrás de Martín Benítez. Pero a partir de allí, el ritmo bajó: en parte porque el primer objetivo estaba logrado, pero también porque era imposible y demasiado arriesgado seguir jugando en ese golpe por golpe frenético. Un gol de Atlético obligaba a dos más de Independiente. Aún así, aquello no se pudo lograr bien, ya que pareció más bien un largo momento de relajación en el que los tucumanos volvieron a demostrar su buena presión. El Rojo casi no recurrió al juego directo salteando líneas para encontrar a Emanuel Gigliotti, de escasa participación.

Pero en la segunda mitad Independiente volvió a meterse en partido. El problema fue que lo hizo una vez más con la receta del vértigo constante. Erviti comenzó a ser sobrepasado por el ritmo del partido y el mediocampo era sólo de tránsito. Esa desesperación de estar corriendo todo el tiempo y hacia todos lados, generó la expulsión de Nicolás Tagliafico por doble amarilla. En parte, aquello sirvió para ordenarse mejor, correr menos riesgos, y a partir de los cambios de Ariel Holan -ingresó Rodrigo Moreira en la zaga y Diego Rodríguez en la contención con Domingo- llevar a cabo un nuevo plan: repliegue y contraataque. Ambas facetas se hicieron bien, ya que Atlético, con ataque posicional, no era el peligroso equipo que sí estaba bien preparado para quitar arriba y finalizar las jugadas rápido. Mientras que los espacios aparecieron para la velocidad de Benítez, Fernández y las buenas incursiones de los laterales, Bustos y Juan Sanchez Miño. Muestra de ello es que después de una conexión entre estos dos últimos, llegó la falta a Bustos adentro del área. Tras la doble falla de Fernández en el penal, el equipo se cayó a pedazos anímicamente. Allí erigieron las presencias de Bustos y Domingo, figuras de la cancha por darle aire al Rojo en los peores momentos. Luego, todo parecía tener otra vez un final triste, pero Martin Campaña le atajó la segunda ejecución del penal a Luis Rodríguez y el Estadio, los jugadores y la mística del Rey de Copas reaparecieron para aguantar con personalidad y volver a acercarse al arco de Christian Luchetti hasta llegar a convertir el gol del desahogo en una noche inolvidable, plagada de dolores y momentos difíciles. El autor del gol que desató la alegría fue Martín Benítez, el tantas veces elogiado y criticado, el de los mil altibajos, el salido de inferiores, el que estuvo en duda hasta último momento. Y aquello quizás sea una señal de que Independiente va camino a reconciliarse consigo mismo. Será clave mantener esa pasión para jugar y no darse por vencidos, pero también ajustar en trabajo para que la única manera de ser protagonistas no sea en un ritmo vertiginoso difícil de aguantar para el físico de los jugadores y para el corazón de los hinchas.

Share.

About Author

1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.