Uruguay 1-0 Italia 2014.

ARRIBA LA CELESTE (OTRA VEZ)

Uruguay lo logró una vez más: sobrevivió al grupo de la muerte. La Celeste venció a Italia por 1-0 y se metió en Octavos de Final.

Estamos en presencia de un Mundial fantástico. Por sus vaivenes, propuestas, dramas y emociones. Y en ese contexto, el choque entre Italia – Uruguay era realmente para alquilar balcones. En 90 minutos, la Copa del Mundo despediría a una selección campeona del mundo. Buffón, Muslera, Godín, Pirlo, Verrati, Cavani, Suarez, Balotelli. Los Octavos de final no tenían lugar para todos juntos. Dos países con una mística particular se jugaban el pasaje a la ronda final.

Sabedores de que el empate los beneficiaba, los tanos comenzaron el partido mostrando el nuevo estilo que impuso Cesare Prandelli, con tenencia de pelota y un equipo de transiciones lentas, que buscaba tener la posesión en los pies de Pirlo y Verrati. Los charrúas, al igual que contra Inglaterra, propusieron un encuentro friccionado, peleado en cada rincón de la cancha, priorizando el orden defensivo e intentando la heroica en la velocidad y picardía de Suarez. Por su parte, Cavani se sacrificó y siguió por todos lados a Pirlo, pero en los planes de Tabarez no estaba la muestra de carácter que dio Verrati. Tapado el de la Juventus, el joven volante de PSG comenzó a pedir cada balón. Se hizo cargo del primer pase, supo decidir cuando jugar en corto, en largo, cuando gambetear y cuando hacer la pausa. Mientras tanto, la férrea marca de los centrales charrúas hicieron que Balotelli quede completamente desconectado del juego, y para peor, fastidiado. Ni siquiera la inclusión de Ciro Inmobile pudo hacer que el de Milan se libere de los marcajes. Prandelli había avisado que no los veía compatibles a ambos. Entonces, si la inclusión premeditada de Verrati fue una manera de tener un plan B a Pirlo es considerada un gran acierto, la de Inmobile-Balotelli es difícil de entender.

En el segundo tiempo, como era de esperar, Uruguay debió adelantar sus líneas e intentar interrumpir la tenencia italiana. «Cebolla» Rodríguez y Nicolás Lodeiro comenzaron a influir más en el juego, pero no lo suficiente para hacer sufrir al arco de Buffón. Pero el quiebre llegó con la expulsión de Marchisio. El volante de Juventus perdió la pelota ante el asfixiante mediocampo uruguayo, y en un intento por controlar la pelota solo consiguió chocar a Arévalo Ríos. El árbitro fue severo e interpretó planchazo vehemente, mostrándole así roja directa al italiano. Vistas las cosas, el partido quedó a pedir de Uruguay, con superioridad numérica y con el apoyo incesante de su hinchada. Italia quedó en un dilema: o seguir apostando a la tenencia pese a tener un hombre menos, o resignarse y volver a sus fuentes, el viejo y conocido Catenaccio que tantos éxitos les trajo. Para peor, Prandelli perdió a Verrati y recurrió a Thiago Motta, que falló en cada intervención. Parolo, que reemplazo a Balotelli, tampoco pudo aportar mucho en el mediocampo. Por su parte, Tabárez, que ya había mandado al Pereira de Benfica y a Stuani, se jugó su última carta con Gastón Ramirez, y no con Forlán. El talentoso zurdo del Southampton se hizo eje y a falta de diez minutos para el final del partido, mandó un centro perfecto para que cualquier uruguayo venga con potencia desde atrás y conecte. El que triunfó en el área fue Diego Godín, destinado a marcar goles importantes. Como el del título para el Atlético de Simeone en Camp Nou, o el de la final de la Champions que finalmente terminó en orejona para el Real Madrid. El estadio Das Dunas explotó de alegría y orgullo celeste. Los charrúas aguantaron estoicamente a una Italia sin ideas y poco orgullo. Una vez más, Uruguay agonizó y revivió. Con drama, claro, como lo indica su historia. Como más lo disfrutan. Como pocos pensaron después de aquella derrota ante la Costa Rica. Italia se vuelve en primera ronda por segunda vez consecutiva, luego del título en 2006. Por su parte, los de Tabarez enfrentarán en Octavos a la prometedora Colombia de Néstor José Pekerman.