Jurgen Klopp

LA REVOLUCIÓN DE KLOPP

«Ya no soy el mejor para el club”. Con esas palabras, Jürgen Klopp anunció que dejará de ser el entrenador del Borussia Dortmund a partir del final de temporada. Y no es un cambio de técnico más. Es la salida de alguien importantísimo en la historia de uno de los clubes más populares de la actualidad. ¿Qué cambió? ¿Qué paladar futbolístico adquirieron sus hinchas y jugadores? ¿Qué pasará a partir de ahora?

Su barba voluminosa, su melena rubia y su gorra. El aparecer en las fotos que sus jugadores se sacaban con los hinchas, o esa sonrisa que se mantenía día a día, entrenamiento tras entrenamiento, partido tras partido. Aspecto alegre. La felicidad hecha entrenador. Siempre dijo: “cuanto más te preocupes por la persona, más obtendrás a cambio”, y ninguna frase refleja mejor la realidad. Klopp se hizo cargo de un equipo plagado de juveniles y con un pasado reciente caótico. Asumió con la experiencia del ascenso alemán, pero la confianza que tenían en él le hizo ver que, si se la jugaban por un entrenador sin experiencia en grandes equipos, él no tenía excusas para no apostar por los más jóvenes del conjunto. Y le salió.

Jürgen sonríe. La Bundesliga y el fútbol en general extrañarán su trabajo minucioso.

En el plantel al cual llegó, el líder de esta revolución tenía, entre otros, a R. Kovac (34), Ziegler (32), Tinga (30), Dedé (29), Weindenfeller (28 años), Sebastian Khel (28), Alex Frei (28), Owomoyela (28), Mohamed Zidan (26), Nelson Valdez (24), Blaszczkykowski (22), Felipe Santana (22), Hunemeier (22), Kevin-Prince Boateng (21), Schemlzer (20), Hummels (19), Subotic (19) y Nuri Sahin (19).

De todos ellos, hoy siguen Windenfeller, Subotic, Hummels (es capitán), Schemlzer, Kehl, Blaszczkykowski y Sahin. Salvo este último, todos los demás eran titulares en ese primer conjunto, es decir que la confianza que tenía Klopp en sus dirigidos no era efímera, sino que respondía a un interés serio por formar un proyecto a largo plazo, afianzar sus piezas y por confiar en las capacidades de un plantel bastante joven.

El segundo punto era imponer y creer en un estilo. Desde ese 2008 hasta el 2015 que afrontamos, el Borussia Dortmund respondió a un planteo que se puede interpretar de diferentes maneras: adecuarse al rival y, a partir de ahí, buscar la posibilidad táctica y técnica más eficaz para ganar el partido. Muchas veces se escuchó que equipo que no protagoniza el encuentro tiene un técnico defensivo. Y Klopp, gracias a este equipo que él mismo formó, se encarga de tirar por la borda todo cuestionamiento de ese tipo.

Su idea se inicia –y hablo en presente porque hoy sigue en pie, más allá de una temporada floja en cuanto a números- en un 4-2-3-1 fluido. La movilidad es la clave. La obsesión pasa por darle a sus jugadores toda herramienta posible para enfrentar cada partido. Así, no sorprendió que, por ejemplo, el equipo alemán se plante como protagonista frente al Real Madrid en su último enfrentamiento por Champions League del 2012/13. En 180 minutos, Borussia no tuvo problemas en navegar por el golpe por golpe sin respiro, el ataque posicional con más de la mitad del equipo a disposición o bien, el cerrarse atrás y salir de contra aprovechando la velocidad de sus atacantes para lastimar al rival. ¿El resultado? Los muchachos del BVB llegaron a la final del 25 de mayo de 2013. Y en concordancia con lo que hablábamos antes, el equipo titular de ese último partido frente al Bayern Munich tenía a Weindenfeller, Subotic, Hummels, Schmelzer y Blaszczkykowski como titulares y Nuri Sahin fue el primero en entrar como sustituto. Los 6 que lo acompañaban desde un principio estaban presentes en el punto más trascendente de la carrera de Klopp en su equipo.

Si algo caracterizó a múltiples equipos del mundo, desde el Barcelona de Guardiola hasta varios equipos de Bielsa, es la presión. El Borussia de Klopp supo gozar de ella gracias a asociaciones tan sincronizadas y punzantes que le valieron la fama mundial a sus componentes. Y no hablo de otra delantera que la que, por momentos, formaban Robert Lewandowski y Marco Reus. Estos dos, junto a Mario Götze, son los máximos representantes del fútbol ofensivo que tanto pregonó –a través de la práctica- su entrenador. Sin embargo, de este trio el único que sobrevivió, se quedó y mantuvo su amor al club y a sus compañeros, fue Reus: una individualidad que potenció lo colectivo y que a la vez se benefició de esa movilidad y asociación constante del planteo.

CONMOVEDORA es la imagen en la que se ve a Klopp consolando a Reus, tras perder la final de la Champions League.

Tanto Götze como Lewandowski fueron vendidos al Bayern Múnich por más de 30 millones de euros cada uno. El primero debutó luego de su formación en las juveniles; el segundo llegó al club a partir de 4,5 millones de la misma moneda. Sin desmerecer el nivel superlativo que tuvieron estos dos jugadores en los últimos años, el crecimiento tuvo mucho que ver con el paradigma propuesto por su entrenador. Y estos dos son apenas algunos de los casos que cambiaron completamente la situación institucional del club que, recordemos, previo a la llegada de Klopp, apenas superaba problemas financieros de todos los colores.

Confianza en las juveniles, imposición de un esquema ofensivo y vistoso, asociación de sus jugadores y aprovechamiento de las individualidades, recuperación económica. Si a eso le sumamos las dos Bundesliga de 2010/11 y 2011/12, la Copa de Alemania de este último año frente al Bayern Munich (terminó 5 a 2, por si fuera poco), las dos supercopas de ese país y la octava final de Champions League para el BVB (donde esta vez le tocó perder contra el Bayern de Jupp Heynckes), estamos en condiciones de refutar una de sus frases en conferencia de prensa. No sé si fuiste el mejor pero, sin dudas, Jürgen Klopp, fuiste lo mejor que le pudo pasar a este Borussia Dortmund.