ES TAN CHIFLADO Y OBNUBILADO

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Por estas horas caen bombas de aquí para allá, pero no dan ninguna calma. La Selección Argentina está a un paso de despedirse del Mundial en primera ronda y el principal apuntado es Jorge Sampaoli. Convencido de un fútbol ofensivo y eléctrico pero también con dotes de pragmatismo, el de Casilda agarró un fierro caliente al que muchos esquivaron. Su objetivo era pensar más allá de Rusia, lo cual visto el poco tiempo de trabajo, sonó lógico. No obstante, una eliminación de semejante calibre volvería imposible la continuidad. Por eso hoy, que Argentina tiene un pie afuera de Rusia, Sampaoli pone uno fuera de la Selección.

Menos de un año de trabajo. Razón suficiente para explicar que Argentina no vuelva de Rusia con la Copa, pero no para justificar una eliminación tempranera y en malos términos. Cuando se sortearon los grupos del Mundial, mucho se habló de Islandia y de su estilo de juego simple, defensivo, físico. Por eso el empate sin que Argentina haya podido doblegarlo se percibió como error del entrenador, que se cuidó de más con un doble cinco conformado por Lucas Biglia y Javier Mascherano, dos futbolistas de corte defensivo. Pero hubo algunos pocos motivos para ilusionarse con un crecimiento.

De cara al segundo partido, la ecuación parecía bastante simple: para enfrentar a Croacia, un lateral más puro (Mercado), alguien que le acerque la pelota a Messi (Banega o Lo Celso) y un extremo en mejor nivel que el actual (Pavón por Di María). Sin embargo, Sampaoli pateó el tablero: volvió a su esquema, primario pero no practicado en los últimos meses, con tres centrales, dos carrileros y un jugador al que no había incluido entre los 23. Argentina jugó con fuego en el primer tiempo ante Croacia, pero al menos protagonizó un trámite parejo en el que la tensión reinó. Tras el error de Caballero ya no hubo partido. La fragilidad emocional existente desde la Copa América 2016 se apoderó de cada jugador albiceleste. Ahí sí, el entrenador debió enviar un mensaje potente para renovar energías, pero decidió hacer puesto por puesto en los ingresos de Higuain y Pavón. Para colmo, Messi no estuvo, y Argentina fue la nada misma. Difícil que un país pueda asimilar esa realidad tras tantos años de creerse los mejores y hablar de fracaso en tres subcampeonatos.

Sampaoli, un buen entrenador de interesante currículum, planteó mal los dos partidos del Mundial. Se vio sobrepasado por la situación, al igual que AFA tras el fallecimiento de Julio Grondona, que Martino tras las complicaciones para armar un equipo y viajar a los Juegos Olímpicos, que Bauza para comandar una transición entre los históricos y los nuevos. Sobrepasado, al igual que varios de sus dirigidos. Desesperado, como cualquier argentino que espera cuatro años para el Mundial. Obnubilado, como el fútbol argentino desde hace varios años.

FOTO: Goal

 

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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