A 18 AÑOS DEL GRAN REGRESO

Por: Facundo Ronchel
Twitter: @Facundo_Ronchel

El mechón rubio teñido, una locura de tantas

Diego, Diegol, Diegote, Pelusa, Barrilete Cósmico, D10s, Diez. Esos son algunos de los apodos para el mejor jugador de toda la historia. Creo todos saben de quién estamos hablando, pero por si hay algún desprevenido, siempre vale la pena recordarlo: Diego Armando Maradona. Hoy se cumple un nuevo aniversario de la vuelta de este fenómeno al Club Atlético Boca Juniors. Un día como hoy, 7 de octubre, pero de 1995, se coronó su vuelta en la fecha 9, en La Bombonera, ante Colón. El recibimiento no fue lo de menos: ese día se vio la salida al campo de juego de una manera impresionante, con cotillón, bengalas y papeles de todos los tamaños y colores. De yapa, sus hijas, Dalma y Gianinna, salieron de una caja gigante con moño y todo a modo de sorpresa. Imagen imposible de olvidar la de Diego llorando en plena tribuna, con la hinchada cantando la histórica canción: «Vale diez palos verdes, se llama Maradona…».

Puede ser que este relato no sea del todo objetivo. Como dijo el gran escritor Eduardo Sacheri, me cuesta medirlo con la misma vara que al resto. Me cuesta juzgar a Maradona con la misma intensidad que analizo a distintos jugadores en charlas con amigos o haciendo notas periodísticas. No me pregunten por qué. Sacheri en su relato explica que eso se debe al gol a los ingleses en el Mundial del ’86. Yo no puedo afirmarlo. Yo no estaba ni en los planes de mis viejos. Nací 8 años después, y nunca lo vi jugar, salvo videos que, dicen los expertos que lo vieron, no es lo mismo. Porque yo pongo un video de ese Mundial y sé cómo va a salir, quiénes hicieron los goles y a cuántos jugadores se va a amagar al hacer el golazo que sentenciaba la humillación de aquellos que nos robaron las Islas Malvinas.

Reitero: no me pregunten por qué no puedo. Y pido perdón por haber hablado de mí en estos dos párrafos, pero creo que era necesario para disculparme con ustedes, los lectores. El Diego genera en mí algo que ningún otro ser humano, ajeno a mi entorno, puede generarme. Una emoción única, un gozo que me llena el alma. Y nuevamente, queridos lectores, les pido disculpas por el exabrupto. Y continúo la nota como si nada hubiese pasado.

Una vez superada la sanción por la efedrina utilizada en el Mundial de Estados Unidos ’94, el astro argentino decidió volver al club de sus amores. Si bien jugó un amistoso ante Corea del Sur, el regreso oficial es el ya mencionado antes.

Maradona no tuvo muchos títulos en el club de La Ribera. De hecho apenas consiguió el Metropolitano de 1981. Sin embargo, los hinchas lo consideran ídolo gracias a la entrega, sacrificio, coraje y, sobre todo, el significado de su nombre en todo el mundo.

Muchos piensan que La Boca no tiene la majestuosidad de Sevilla ni el ambiente de Nápoles. Quizás tengan razón. Pero él encontró en ese barrio de inmigrantes SU ambiente, SU lugar. Porque conociendo las cosas que dice y hace, podrá decir que es hincha de tal o cual equipo, pero nunca nadie va a tener un video o un testigo que confirme que es verídico. El Diez se encargó siempre de desmentir sus propios dichos al ir infinidad de veces a alentar al Xeneize a todos lados, ya sea acompañado de su familia o de amigos como Carlín Calvo.

Encontró en el barrio de los conventillos el lugar acorde para despedirse del fútbol. Tal vez nunca pensó que en Boca ocurriría una crisis dirigencial y que Carlos Bilardo asumiría un tiempo después. Así y todo, decidió volver para ser ovacionado hasta el hartazgo, para que a los hinchas les duelan las manos de tanto aplaudirlo. Porque no hace falta tener 15 títulos para ser ídolo. Es suficiente tener su personalidad, su carácter, su entrega, su oficio y su talento. Parece poco, pero no lo es. Por algo hay un solo D10s en tantos años.

Este mes bien podría considerarse «el mes de Diego», como bien propusieron en Córdoba. ¿Por qué? Infinidades de efemérides ocurrieron en, casualmente, el mes 10 del año. Para empezar, Doña Tota dio a luz a un bebé en Villa Fiorito al cual le puso Diego Armando. Ese pibe, ya formado, debutó en primera el 20 de ese mes de 1976 en Argentinos Juniors. El 10/10/1993 debutó en Newell’s. Dos años más tarde, un 7 de octubre, la ya mencionada vuelta a Boca Juniors. Para finalizar, un 25 de octubre de 1997 puso punto final a su carrera como jugador tras vencer a River Plate en el Monumental por 2-1, con la camiseta Azul y Oro. Parece una locura, pero es lo que genera este hombre en el amante del fútbol.

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